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ANTE LA AMENAZA DEL ISLAMISMO

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EL FANTASMA DE ISISLos fantasmas del Islam se ciernen sobre España

ANTE LA AMENAZA DEL ISLAMISMO

En los últimos meses se están difundiendo por el todo el Orbe, y muy especialmente por nuestra Nación, noticias sobre las intenciones del erróneamente denominado Estado Islámico en las que se afirma que quienes mueven los siniestros hilos que lo dirigen han optado por designar a España como objetivo prioritario de sus actos terroristas. Desde el autotitulado Califato ya no se aconseja la captación de residentes en nuestro territorio con el fin de enviarlos a Siria o Irak y adiestrados para la yihad, sino que se les ordena que cometan atentados directamente en el entorno donde viven.

La consultora ACIS ha comprobado que existen numerosos vídeos, entre los cuales destaca uno elaborado por la productora de “Constancy Media”, controlada por el ISIS. Tiene una duración algo menor a cuatro minutos, con audio en árabe y subtitulado en inglés con el significativo título “Come on Rise”, cuya traducción más aproximada es “¡Vamos, levantaos!”. Con él se llama a los yihadistas que viven en ocho países, o pueden trasladarse a ellos, para que cometan atentados terroristas en sus ciudades. Los países son citados expresamente en este orden: Francia, Estados Unidos de Norteamérica, Bélgica, Italia, Rusia, España, Dinamarca e Irán. Todos ellos involucrados en las alianzas que se crearon para combatir al ISIS. Su portavoz, Abu Muhammad al-Adnani, es uno de los que lideran el movimiento en Siria y se le considera responsable de los atentados fuera del amplio ámbito territorial controlado por el hipotético Califato. El Gobierno norteamericano ofreció en 2014 cinco millones de dólares para aquel que facilite información que permita su captura, lo que fue confirmado en 2015 por el Departamento de Estado de EEUU. 

El terrorista dice en su mensaje: “Renovamos nuestra llamada a los muyahidines en Europa y en cualquier otro punto de Occidente, para que elijan como blanco a los cruzados en sus propias tierras, donde quiera que se encuentren. Vamos a señalar, antes lo hará Alá, a cualquier musulmán que tenga la oportunidad de derramar la sangre de los cruzados, pero no lo haga, teniendo para ello un artefacto explosivo, una bala, un cuchillo, un coche, una piedra o incluso una bota o un puño”.

Ante esa amenaza cierta e inminente, lejos de acobardarnos como hacen la mayor parte de los dirigentes políticos de los países de nuestro entorno, incluidos los de España, quienes hemos constituido DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) animamos a nuestros compatriotas a tomar conciencia del enorme problema con el que se enfrenta la Civilización Occidental, aconsejándoles documentarse en profundidad sin caer en el “buenismo” imperante que tanto daño está haciendo en todos los ámbitos de nuestra sociedad cómodamente instalada en la apatía. Esa actitud pasiva deteriora la normal convivencia de los españoles y comporta un peligro para el futuro, tanto de nuestros hijos y nietos como de los de todos cuantos permanecen paralizados ante ese MONSTRUO SANGRIENTO QUE NOS INTENTA DESTRUIR. Un fantasma recorre el Mundo, pero no es inofensivo como Casper, el de Canterville de la novela de Oscar Wilde o el que fue al Oeste de la novela “Sir Tristan Goes West” de Eric Keown. Su voracidad es similar a la de Alien, el octavo pasajero. NO SEAMOS INGENUOS.

 MUJERESTras los fantasmagóricos velos se oculta el verdadero rostro del ISIS

Por último, añadimos un documento gráfico y transcribimos dos extraordinarios artículos que ilustran muy bien cuanto conviene saber acerca de la verdadera naturaleza del ISLAM.

Consejo Político de

DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

DCID – El Partido del Siglo XXI

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PRIMER ARTÍCULO:

¿Islam sólo hay uno?

Alguien (parece que de buena voluntad) me pide en Facebook que amplíe mi opinión al respecto del Islam para no llamar a confusión con lo que algunos denominan ‘islamofobia’. El asunto es demasiado largo y complejo para expresarlo en un mensaje y además tiene el problema de que FB es ‘lineal’, es decir, que pasadas unas horas o unos días tendría que empezar de nuevo a explicar mi opinión desde el principio para evitar los juicios sumarísimos de algunos.

No obstante, trato de resumir a vuela pluma algunas nociones (es mi punto de vista y nada más) y afirmo que el Islam es conceptualmente una infamia y una ignominia para el ser humano. El Islam no es una religión (o no sólo ni en primer lugar) -esto lo he repetido en muchas ocasiones- sino un sistema que regula la vida privada (comida, vestimenta, miradas, maneras de relacionarse con los demás y hasta con Dios, etc.) y pública de todos sus miembros, además de un sistema de gobierno que incumple las más elementales normas de respeto a la vida y hacia el resto de miembros de la tribu, ciudad, país o grupo humano.

Aun así, quienes piensan que el Islam es solo y apenas una religión (invasiva, racista y excluyente hasta extremos irreparables, ya se ha dicho) tendrían que hacérselo mirar o estudiar en más profundidad el asunto y encontrar las contradicciones de cuanto dicen. No, no hay una cosa llamada Islam separada de los musulmanes, aunque sí es cierto, por supuesto, que musulmanes los hay de muchos tipos (prudentes, más o menos laicos o seculares, descreídos, fanáticos etc.). Pero algo les une culturalmente y les hace presas y víctimas de sí mismos. Incluso quienes no lo practican, a menudo se ven prisioneros de su entorno, incapaces de desenvolverse con un mínimo grado de la libertad que los occidentales entendemos por tal.

Repito, el Islam no es sólo una religión, es también una “cultura”, un modo de entender la manera de relacionarse con el mundo y con los demás que impone y exige obligaciones perversas y desastrosas. No es cierto, como han repetido numerosas veces George Bush o Barack Obama que el Islam sea una religión de paz (la palabra significa ‘sumisión’) y ponen como ejemplo la existencia de pacíficos ciudadanos musulmanes en su sociedad. Esto último puede ser cierto, pero la primera afirmación es falsa, errónea de principio a fin. A veces, como he dicho, los musulmanes, con frecuencia, son poco practicantes, seculares, descreídos o lo que se quiera y han aprendido a amar otros valores por encima de aquellos, pero eso no permite negar que en sí mismo y conceptualmente, el Islam es venenoso, asesino, cruel, racista, excluyente, ignominioso, una afrenta para el ser humano… A veces, también, muchos musulmanes, dentro o fuera de su respectivo país, en según qué circunstancias, practican la taqiyya hasta tanto no se produzcan las condiciones favorables o de temor necesarias para asumir el Islam en su total dimensión.

Pero, como digo, no es una religión que pueda separarse fácilmente ni hoy por hoy de todo lo que conlleva como sistema de gobierno, regulación de la vida privada, imposición en la vida pública, etc.

Esto va ya demasiado largo, lo sé, pero no quiero dejarme atrás algunos apuntes a vuela pluma que permitan al menos hacer pensar que no es la mía una opinión irreflexiva o inmeditada y, sobre todo, que esto pueda tener alguna utilidad para quien me solicita mi modesto punto de vista. 

Así pues, anoto que el Corán en los suras es una recopilación, morfológicamente absurda (diré por qué), de la ‘palabra revelada por Dios’ a Mahoma a través del arcángel San Gabriel. Esta parte del Corán, la de los suras está ordenada según la extensión de sus textos (o sea, por tamaños), lo cual no quiere decir que sea el orden en que le fueron ‘revelados’ a Mahoma. Pero el orden cronológico es esencial para entender uno de los grandes problemas de ese texto, puesto que, según consta en las propias palabras del Corán, o sea, las de Mahoma, o sea las del arcángel, o sea, las de Dios, los suras posteriores anulan a los anteriores revelados en el tiempo, de forma que un sura elimina el sentido de uno dictado con anterioridad, el cual, a su vez, puede encontrarse situado muy atrás en el libro. Esto hace que para interpretar jurídicamente el Corán de manera correcta se necesiten doctores, imames, mulahs o ayatolas… Y el cacao es de órdago. Ah, por cierto, el llamado “sura de la espada” que ordena rebanar a los infieles se encuentra hacia el final cronológico de las revelaciones, de modo que éste es el que predomina y prevalece sobre todas las misericordias y piedades proclamadas en los suras previos cronológicamente hablando… ¿Queda claro?

De pasada he mencionado la interpretación ‘jurídica’… Y es que, nótese que estamos hablando de un texto con valor jurídico, no dirigido a la espiritualidad del ser humano, sino a la regulación de todos y cada uno de sus actos cotidianos de forma netamente invasiva. Para colmo, añado ahora, hay que mencionar al menos una división capital entre el Islam sunita y el chiita.

No entro en materia escatológica ni espiritual, pero sí en lo que se refiere a la manera de organización interna. En el Islam suní no existe una prevalencia jerárquica necesaria o imprescindible, es de tipo horizontal, salvo cuando existe la presencia de un Califa, a quien se le reconocen todos los poderes terrenales como enviado de Dios y máximo guía espiritual. Para los suníes, cualquier curita apestoso rodeado de cabras en un monte puede dictar una fatwa y de inmediato se convierte en norma de obligado cumplimiento para todo aquel que desee aceptar su autoridad. Nada pasa si no desea hacerlo así.

De este modo, cualquier idiota puede dictar que se lapide a alguien por blasfemo y su comunidad lo aceptará como una ley insoslayable. En el chiismo, por su parte, la jerarquía es vertical y sus ayatolás constituyen una pirámide jerárquica que hay que obedecer e imponer mediante diktat a todo el grupo a través de los severos organismos que componen la pirámide de arriba abajo.

Para quienes piensan que una cosa es el islamismo y otra lo islámico, es decir, para quienes opinan que hay dos o más clases de Islam, cabe añadirle algo fundamental: Piénsese que la mayoría de las mejores universidades norteamericanas reciben actualmente fondos de las “petromonarquías” a cambio de incluir en ellas algún departamento de estudios árabes. Es en esas escuelas de élite donde han implantado esa soberanamente falsa idea que repiten Bush y Obama, haciéndole creer al mundo que hay un Islam bueno y otro malo. Y no, coño, por definición y sobre todo por propia exigencia del mismo Islam, el Islam es sólo uno, igual que Dios es sólo uno, enseñanza esencial o capital del Islam que es completamente irreductible y que niega de raíz las afirmaciones de los ilustres presidentes de EE.UU y de todos sus equipos de asesores al respecto, así como la ingenua creencia tan extendida entre muchos occidentales. Repito: hay musulmanes y prácticas de muchos tipos, pero el Islam es sólo UNO…, y no puede haber más porque ontológicamente el propio Islam lo impide y lo niega, a sangre y fuego si es preciso. 

Es sólo una pequeña aproximación, ya digo, para argumentar cuanto digo.

Más allá de esto, existen, como todos sabemos, sectas más fanáticas, estrictas o salvajes en la aplicación e interpretación de la norma jurídica y espiritual, ya sea en Siria, Irak, Afganistán, Pakistán, Qatar, etc., o más místicas (sufíes, a la manera de monjes dedicados a la meditación), o más relajadas, anárquicas y fuera de la norma, como son, en general, algunas de las formas practicadas en el África negra. En días recientes hemos conocido, por ejemplo, la capacidad del ISIS para imponer mediante fatwa de un presunto califa autonombrado bajo el nombre de Al-Baghdadi la necesidad de que todas las niñas y mujeres entre 4 y 49 años sean sometidas a la ablación, disparate ‘moruno’ del que no se tenían noticias ni siquiera en Arabia Saudí, que es, por cierto, una rama rigorista del Islam surgida en el siglo XVIII, no más.

Añado, y termino, que Hamás pertenece a estas ramas sunitas próximas al ISIS y que no dudarían en imponer a su población en Palestina los máximos rigores que vemos en otros sitios.

Sí, hay millones de musulmanes que no practican ni defienden esto, pero se ven impelidos, en ocasiones por miedo, es cierto, pero en otras por simple prudencia ante los riesgos y vuelcos de parte de su población, a callar, a silenciar, a guardar las formas y maneras, y, en definitiva, a acatar toda la barbarie que arrastra consigo una religión que, ya se ha dicho, no es, ante todo, ni sobre todo, ni en exclusiva, una religión.

(Publicado el 28 de julio de 2014 en el Blog de Pepe Arenaza)

 FOTO DEL SEGUNDO ARTICULOFoto que encabezaba la publicación del segundo artículo
 

SEGUNDO ARTÍCULO:

Velar a las mujeres, la más potente arma de los islamistas

Laurence Rossignol, ministra francesa de Familia, Infancia y Derechos de las Mujeres, provocó un escándalo relativo a la proliferación del velo islámico en su país al comparar a las mujeres que se cubren la cabeza con «los negros americanos que aceptaban la esclavitud». Por su parte, Elisabeth Badinter, una de las feministas más famosas de Francia, pidió el boicot de las firmas de moda que, como Uniqlo o Dolce & Gabanna, están diseñando prendas islámicamente correctas (en 2013, los musulmanes gastaron 266.000 millones de dólares en ropa, y la cifra podría llegar a los 484.000 millones en 2019).

También está surgiendo una nueva tendencia en la cultura popular occidental, que en los medios era casi invisible hace una década: aparecen mujeres con la cabeza cubierta en programas de televisión como MasterChef.

La cultura popular considera ahora normal que las mujeres lleven velo. Air France pidió recientemente a sus empleadas que llevaran velo cuando estuviesen en Irán. El Gobierno de Italia cubrió no hace mucho las esculturas de desnudos del Museo Capitolino de Roma durante la visita del presidente de Irán, Hasán Ruhaní, por «respeto» a su sensibilidad.

En el mundo árabe-islámico, sin embargo, las mujeres que llevaban velo fueron durante mucho tiempo la excepción.

Es difícil creer que, hasta principios de la década de 1990, la mayoría de las mujeres de Argelia no llevaba velo. El 13 de mayo de 1958, en la Plaza del Gobierno de Argel, decenas de mujeres se arrancaron el velo. Las minifaldas invadieron las calles.

La Revolución de Irán revirtió esta tendencia: el primer pañuelo apareció a comienzos de la década de 1980 con el auge de los movimientos islámicos en las universidades de Argelia y los barrios pobres. El hiyab era distribuido por la embajada iraní en Argel.

En 1990, Argelia estaba al filo de una larga era de muerte y miedo: una guerra civil con el fantasma del avance del islamismo (hubo 100.000 muertos). La gente sabía que iba a ocurrir algo terrible con sólo contar los velos en las calles.

La primera víctima de la guerra islamista en Argelia fue una joven que se negó a llevar el velo, Katia Bengana. Defendió su decisión incluso cuando sus ejecutores le pusieron una pistola en la cabeza. En 1994, Argel despertó literalmente con los muros llenos de carteles islamistas que anunciaban la ejecución de la mujer sin velo.

Hoy, pocas mujeres se atreven a salir de su casa sin el hiyab o el chador.

Si miramos las fotografías de Kabul en los años 60, 70 y 80, veremos muchas mujeres sin velo. Después llegaron los talibanes y las cubrieron. La emancipación en Marruecos la desencadenó la princesa Lala Aisha, hija del sultán Mohamed ben Yusef, que adoptó el título de rey cuando el país proclamó la independencia.

En abril de 1947, Lala dio un discurso en Tánger; el público escuchaba atónito a esa chica sin velo. En pocas semanas, las mujeres de todo el país se negaron a llevar el pañuelo. Marruecos es hoy uno de los países más libres del mundo árabe.

En Egipto, ya en los años cincuenta, el presidente Gamal Abdel Naser fue a la televisión para burlarse de la petición de los Hermanos Musulmanes de cubrir a las mujeres. Su mujer, Tahia, no llevaba pañuelo, ni siquiera en las fotografías oficiales.

Hoy, según la socióloga Mona Abaza, el 80% de las mujeres egipcias llevan velo.

No fue hasta los años 90 cuando el wahabí, la versión estricta del islam, llegó a Egipto a través de millones de egipcios que fueron a trabajar a Arabia Saudí y otros países del Golfo. Entretanto, los movimientos políticos islamistas fueron ganando terreno. Y entonces las mujeres egipcias empezaron a llevar el velo.

En Irán, el tradicional velo negro que cubre a las mujeres iraníes de los pies a la cabeza invadió el país con el ayatolá Jomeini. Él afirmaba que el chador era el «estandarte de la revolución» y lo impuso a todas las mujeres.

Cincuenta años antes, en 1926, el sha Reza había dado protección policial a las mujeres que se negaban a llevar el velo. El 7 de enero de 1936 ordenó a todas las maestras y a las mujeres de los ministros y funcionarios del Gobierno que se mostraran con «ropas europeas». El sha pidió a su mujer y sus hijas que no llevaran el velo en público. Estas y otras reformas occidentales fueron apoyadas por el sha Mohamed Reza Pahlevi, que sucedió a su padre en septiembre de 1941, y prohibió que las mujeres llevaran el velo en público.

En Turquía, Mustafá Kemal Ataturk arengó a las mujeres incitándolas a dar ejemplo: quitarse el velo suponía acelerar la necesaria reconciliación entre Turquía y la civilización occidental. Durante cincuenta años, Turquía rechazó el velo, hasta 1997, cuando el Gobierno liderado por el islamista Necmetin Erbakan abolió la prohibición del velo en los espacios públicos.

La Turquía de Erdogan utilizó el velo para fomentar la desenfrenada islamización de la sociedad.

En cambio, el presidente de Túnez, Habib Burguiba, emitió una circular que prohibía llevar el hiyab en las escuelas y los edificios públicos. Dijo que el velo era un «trapo odioso» y promovió su país como una de las naciones árabes más ilustradas.

No sólo el mundo musulmán rechazó durante mucho tiempo este símbolo. Antes de la propagación del islam radical, la minifalda, uno de los símbolos de la cultura occidental, también se podía ver por todo Oriente Medio. Hay muchas fotografías que nos recuerdan ese largo periodo: azafatas sin velo y con falda de la aerolínea afgana (qué ironía que Air France quiera hoy cubrirlas); el concurso de belleza que el rey Husein de Jordania organizó en el Hotel Philadelphia; el equipo de fútbol femenino iraquí; la atleta siria Silvana Shahín; la mujer libia que marchaba sin velo por las calles; las estudiantes de la Universidad Birzeit de Palestina y las chicas egipcias en la playa (en esa época, el burkini se habría considerado una jaula inaceptable).

Después, a mediados de los 80, todo cambió de repente: la sharia fue instaurada en muchos países, las mujeres de Oriente Medio fueron colocadas en cárceles portátiles y en Europa prosiguieron con el velo para reclamar su «identidad», lo que significaba una negativa a asimilar los valores occidentales, y la islamización de muchas europeas.

Primero impusieron el velo a las mujeres, y después los islamistas empezaron su yihad contra Occidente.

Traicionamos a esas mujeres aceptando su esclavitud como una liberación, y después Air France empezó a cubrir a las mujeres cuando estuviesen en Irán como forma de «respeto». También dice mucho de la hipocresía de la mayoría de las feministas occidentales, siempre dispuestas a denunciar a los homófobos cristianos y el sexismoen EEUU, mientras guardan silencio sobre los crímenes sexuales del islam radical. En palabras de la feminista Rebecca Brink Vipond: «No voy a picar en el anzuelo de la condescendiente llamada a que las feministas dejen a un lado sus objetivos en América para abordar los problemas de las teocracias musulmanas».

Estas son las mismas feministas que abandonaron a Ayaan Hirsi Ali, la valiente holandesa-somalí disidente del islam, dejándola a su suerte incluso después de haberse podido refugiar en EEUU: impidieron que hablara en la Universidad Brandeis.

¿Durante cuánto tiempo seguiremos prohibiendo la mutilación genital femenina? Un estudio recién publicado en EEUU sugiere que permitir ciertas formas «más suaves» de mutilación femenina, que afecta a 200 millones de mujeres en el mundo, es más «sensible culturalmente» que prohibir la práctica, y que una «incisión» ritual en la vagina de las chicas podría evitar una práctica de desfiguración más radical.

La propuesta no provino de Tariq Ramadan o de un tribunal islámico de Sudán, sino de dos ginecólogos americanos, Kavita Shah Arora y Allan J. Jacobs, que publicaron el estudio en una de las revistas científicas más importantes, el Journal of Medical Ethics.

Es un testimonio de hasta dónde se puede llegar en lo que el nuevo filósofo francés Pascal Bruckner llamó «el sollozo del hombre blanco», con su masoquismo, su cobardía y su relativismo cínico. ¿Por qué no justificar también la lapidación islámica de las mujeres que son acusadas de adulterio? Es como si nos faltara tiempo para capitular. 

(Escrito el 3 de mayo de 2016 por Giulio Meotti)

 

COMENTARIOS FINALES DEL PRESIDENTE DE DCID, A FORMA DE SUCINTAS CONCLUSIONES

Cualquier suní de cierto prestigio (entre ellos no hay «jefes») puede escribir un nuevo sura, que anula y elimina a otro anterior, y sus seguidores lo aceptarán como palabra de Allah.


Entre los chiíes es casi peor, pues, además de existir un «jefe” supremo, el autoproclamado Califa Al Baghadi, los suras nuevos, aparte de anular los anteriores, son cada vez más violentos y todos ellos propenden a anular la razón de sus seguidores y los impulsan a la obediencia fanática.


No es una religión y, por lo tanto, no debe tratarse como tal. Es un «Orden», no nuevo, pero si rectificado a peor, que obliga al musulmán, en todos los ámbitos de la vida, a cumplir a rajatabla las consignas so pena de muerte.


Es ISLAM, que significa SUMISIÓN y, teniendo en cuenta los actos que la doctrina aconseja cometer, todo el que lo defienda o no lo denuncie es un encubridor de asesinos.


LIBERTAD es una palabra que no comprenden.

ES LA SIMPLE Y CRUEL REALIDAD. NO ES ISLAMOFOBIA.

I.V.P.