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CON TODO EL DOLOR DE MI ALMA

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Con todo el dolor de mi alma, hoy he mirado hacia otro lado.

Por culpa de la HIPOCRESÍA, lo “políticamente correcto” y los políticos que nos han arrastrado a la difícil situación actual, hoy he tenido un mal día.

He parado el coche en la puerta del supermercado donde compro mis provisiones, porque frente a él hay un estanco y mi marido tenía que comprar tabaco. Si, ya sé que ese hábito tampoco es “políticamente correcto”. Al mirar hacia la puerta de entrada del establecimiento me di de bruces con una ex compañera de trabajo y… se me ha caído el alma al suelo, pues en él estaba sentada mi amiga, con cara de cansancio, muy delgada y deteriorada. Una mujer que puede que tenga algún año más que yo, a la que conozco desde hace unos 25 años y que siempre fue una persona trabajadora, honrada, honesta y de buen carácter. Supongo que me ha conocido, como yo a ella, pero he mirado hacia otro sitio y no  le he dicho nada.

¿Sabéis la de gente que hay en esas mismas circunstancias? Esta mala experiencia la llevo viviendo desde hace tiempo. Hasta al  hijo de una amiga y a su esposa los he visto pidiendo en la puerta de supermercados y, mires por donde mires, esos mendigos forzados que se colocan allí son todos españoles. Por lo general siempre compro algo para ellos y a aquél que termino tratando más hasta le pregunto si necesita algo especial; pero cuando la persona que te encuentras de morros es una amiga… eso te parte el alma.

¿Por qué han llegado a esta situación? Pues no lo sé,  supongo que cuando eres joven vives  de un jornal y tienes hijos a los que mantener, pagar estudios y ayudarles a situarse en la vida, no te sobra mucho para poder ahorrar. Y luego llega la crisis, vas al paro y… ¿quién te contrata a  estas edades? Hay quien intenta vivir de las ayudas, misión imposible si eres español; y más si estás acostumbrado a buscarte la vida, porque hay gente que como no ha hecho otra cosa nunca, sabe vivir de las ayudas, pero el que se ha volcado en trabajar no sabe ni puede, pues su dignidad y su amor propio lo fuerzan  a seguir luchando por conseguir un trabajo de lo que sea. Los años son crueles, no pasan en balde, te caen encima, pesan. Cuando te das cuenta ves que ya no hay quien te contrate, te has comido los ahorros y como no puedes jubilarte porque no tienes la edad exigida o los años de cotización suficientes, no te queda prestación de desempleo, ni subsidio, ni nada de nada, porque hace tiempo que no trabajas. Las ayudas son para los inmigrantes africanos y, además, los políticos han decidido que te toca comer un año sí y otro no, pues te ves como cierta pobre mujer de la que no daré el nombre aunque tengo la certeza de que si lee este artículo alguien del pueblo donde resido sabrá de quién hablo.

¿Cómo hemos podido llegar a este desgraciado estado de cosas? ¿Qué se supone que tenemos que hacer con los pobres que se están generando cada día en nuestra Patria? Españoles de nacimiento y raíces como vosotros y yo misma ¿Dónde los mandaremos? Porque, esa es otra, las ayudas son para los foráneos, africanos en un 80%, y el resto para las mafias, ya que a esas también las subvencionamos. Y para los demás necesitados… ¿qué queda? Porque si ayudáramos a los españoles nos llamarían fachas. Yo no soy de extrema derecha, soy de derecha  liberal y, en las formas y en el fondo, desde luego que estoy a años luz de aquéllos. Esto lo digo porque, a causa de esa maldita hipocresía y por la maldita coacción de lo “políticamente correcto”, Cáritas, Cruz Roja, Servicios Sociales, Ayuntamientos y otras entidades y asociaciones varias proporcionan casi exclusivamente ayuda a los extranjeros. Y cuando un grupo de derechas dice que “los españoles están primero” los acosan y cierran cualquier edificio que estén usando para ayudar a los compatriotas porque, como en casi todo lo demás, el  derecho a ser “ocupa” se lo atribuye la izquierda a sus seguidores.

Supongo que ahora que ya conozco dónde se sitúa esa mujer iré y le entregaré un  paquete de arroz o de garbanzos, un litro de leche, una lata de sardinas o quién sabe qué otro alimento necesario. Eso sí,  con el intenso dolor  que produce saber que, al ayudar a esa antigua conocida, la estoy humillando y pisando su dignidad. Ni me atreveré a preguntar las causas de su desgraciada situación actual. Dios sabe que preferiría haberla encontrado en otras condiciones para tomar café con ella y hablar de cómo nos van las cosas; pero no puede ser así, voy a humillarla con todo el dolor de mi alma.

Gracias, indignos y corruptos gobernantes, vosotros sois los culpables.

Pilar Jiménez Cifuentes

Vocal Primero de la Ejecutiva Nacional Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

Pongamos fin a las consecuencias de una política corrompida y egoísta:

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