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¿CUBA LIBRE?

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No nos referimos ahora al cóctel conocido con el nombre de cubalibre nacido en las postrimerías del Siglo XIX y los albores del XX en aquellos procelosos años que para España representaron el fin de su política colonial, tras ser derrotados por el nuevo amo del Mundo en la guerra desatada contra nuestra Patria por los Estados Unidos de Norteamérica, so pretexto de un falso ataque de las tropas españolas a cierto buque de su flota, el acorazado Maine de infausta memoria.

Dicen algunos cronistas que los revolucionarios cubanos y sus valedores los marines estadounidenses lo bebían después de gritar ¡Viva Cuba libre! De ahí la denominación de esa bebida tan extendida en las décadas posteriores.

A finales de los años cincuenta y primeros de los sesenta del Siglo XX la mayor parte de los muchachos de los países occidentales quedó hechizada por la imagen de los barbudos revolucionarios que prometían libertad, democracia, paz y prosperidad al pueblo cubano. Con ellos, erigiéndose en conductores de masas, ciertos “intelectuales” trasnochados declararon también estar encuadrados en el difuso y variopinto núcleo social que se autoproclamaba “antisistema” pese a encontrarse visiblemente bien instalados en él. La verborrea del líder de la llamada Revolución Cubana, Fidel Castro, engatusó a muchos ingenuos que se quedaban encandilados al escuchar sus vibrantes discursos de varias horas de duración. La verdad es que eran bastante plúmbeos y su contenido demasiado repetitivo, pero esa era la moda política.

El grito ¡Viva Cuba libre! resurgió del pasado y era coreado por muchos ingenuos que creyeron otear el devenir de un nuevo mundo en el que imperara la justicia y el pueblo se erigiera en rector de su propio destino. Craso error que los cubanos siguen purgando desde hace más de cincuenta y seis años. Pese a que el principal componente del cóctel llamado cubalibre era un producto típicamente norteamericano y, por tanto, de origen capitalista e imperialista (a criterio de los ideólogos del entonces nuevo régimen, denominado castrista con posterioridad) se convirtió en la bebida favorita de numerosos izquierdistas de todo el Orbe.

Más de medio siglo después de aquéllos acontecimientos el régimen del “verborreico” guerrillero que, tras acabar con la cruel dictadura pro estadounidense de Fulgencio Batista prometió a su pueblo las mieles de una Patria Cubana mejor, ha devenido en una dictadura comunista aún más férrea y sangrienta que la anterior en la que, además de no respetarse ni los derechos humanos ni los políticos, la población vive en una miseria imposible de ocultar ante la vista horrorizada del resto de los ciudadanos del Mundo, que se considera libre sin sentir pudor alguno ante la negra y triste realidad a que le ha conducido el neoliberalismo económico. Para detallar pormenorizadamente y por escrito los crímenes del castrismo sería necesario editar una extensa colección de volúmenes que ocuparía más espacio que la afamada Enciclopedia Espasa con todas sus ampliaciones y tomos anexos.

Después de un dilatado período (ha superado los 54 años) de bloqueo económico y político de la hermosa isla caribeña, decretado por los EEUU y secundado antes por la CEE y hasta hace poco por la UE, amén de otros muchos países de la órbita anglosajona, sin haber cambiado ni un ápice la política del régimen castrista, regido muchos años por el hoy decrépito Fidel y desde hace unos pocos por su hermano Raúl, también cercano a la ancianidad, los mandatarios del gigante americano inician una sorprendente política de acercamiento que ofrece el fin del bloqueo anterior y la retirada del persistente régimen cubano de la lista de países cómplices del terrorismo. Y eso ocurre sin que se conozca o perciba ninguna contrapartida de los dirigentes isleños dirigida a la excarcelación de los líderes opositores, a terminar con la continua represión y a reconocer de forma expresa, sin cortapisa alguna, las popularmente anheladas libertades de opinión y expresión, cuya necesaria implantación permita avanzar hacia la democracia que reclama la mayoría de los ciudadanos cubanos, todavía no abducidos por el castrismo pese a la permanente opresión coactiva de la dictadura de los hermanos Castro.

Pero, aún resulta más extraño que, en ese diálogo donde unos ceden todo sin atenerse ni por asomo a sus cacareados ideales democráticos y otros siguen erre que erre aferrados a sus poderes privilegiados y tiránicos, se haya informado a la opinión pública internacional que el mayor valedor de ese diálogo, tan fructífero para los canallas, es el Papa Francisco, según se encargaron de difundir los medios de comunicación.

No vamos a criticar con acritud la inexplicable iniciativa del Pontífice porque creemos que es una persona bienintencionada, a la que mueve su profundo amor por la humanidad, pero opinamos sinceramente que constituye un error el dejarse ver al lado de esos monstruos que aplastan al pueblo y masacran a la oposición ciudadana sin que, al mismo tiempo, les haya hecho en público una visible y severa reconvención por los hechos que protagonizaron aquéllos en el pasado y siguen caracterizando su presente acción “política”.

Ya sabemos que en un asunto mundano como éste el Jefe del Estado Vaticano no afirma estar actuando por inspiración divina, ni pretende imponer sus criterios como si se tratase de dogmas de fe. Pero conviene recordar que los ojos de todos los creyentes (y de muchos que no lo son) están puestos en sus acciones y, por tanto, éstas deberían ser siempre ejemplo de ecuanimidad y justicia. Admitir como justificación que “Dios escribe recto con renglones torcidos” es despojarle de su propia esencia de depositario de la VERDAD absoluta. El Ser Supremo no actúa a impulsos de lo “políticamente correcto” como suelen hacer los gobernantes pusilánimes sin convicciones firmes, pues siempre va directo al fondo de las cosas; como demostró Jesucristo cuando expulsó a los mercaderes del Templo de Jerusalén o dio un severo revolcón dialéctico a los fariseos que querían lapidar a la adultera, según narran los Evangelios en el Nuevo Testamento.

No basta con la declaración de Raúl Castro de que volverá al seno de la Iglesia Católica, e incluso asistirá a misa, para agradecer la intermediación de Su Santidad. Para ser merecedor del perdón (que ni siquiera solicita) debe cumplir, al igual que su hermano Fidel y los cómplices de ambos, todos los requisitos establecidos por el ritual católico: dolor de corazón, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Solo sometiendo su orgullo a ese proceso de purificación podrá convencer a las personas de buena voluntad de que su intención no es torcida ni fruto tan solo del propósito de encastillarse en una siniestra e inexpugnable torre de marfil, rodeada de podredumbre, sin ofrecer nada a cambio, con el exclusivo fin de apuntalar un régimen corrompido y sacar beneficios de la nueva situación política y económica para el máximo provecho de la casta dominante y en detrimento de los intereses del pueblo cubano.

“DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) propone que todos los mandatarios del conocido como “mundo libre” actúen al unísono con un criterio uniforme que podría resumirse así:

Levantamos el embargo a la isla y retiramos su nombre de la lista de los países terroristas si, previamente, se dan las siguientes circunstancias:

         1ª) Arrepentimiento sincero (dolor de corazón) por los crímenes cometidos, que pasaría de forma ineludible por pedir en público perdón por ellos a cuantos se han visto perjudicados desde hace casi medio siglo.

         2ª) Cambio inmediato de las estructuras que caracterizan al enormemente opresivo régimen de los Castro (propósito de la enmienda), desmantelando con eficacia la actual dictadura y posibilitando el ejercicio de los derechos cívicos de los cubanos para garantizar el respeto a los derechos humanos.

         3ª) Reconocimiento expreso de la infinidad de tropelías y desmanes cometidos hasta la fecha, con el fin de que unos nuevos Tribunales de Justicia, independientes de los poderes legislativo y ejecutivo cubanos, depuren las responsabilidades de toda índole en que hayan incurrido los gerifaltes del régimen (decir los pecados al confesor).

         4ª) Abandono de todos los puestos de poder efectivo y asunción resignada de las condenas impuestas; procurando reparar, en la medida de lo posible, los daños infringidos a quienes padecieron la vileza de sus comportamientos (cumplir la penitencia).

Y si no ocurre así todo se reduciría a un cínico paripé encaminado a que la situación actual cambie de forma aparente persiguiendo que, en el fondo, nada cambie realmente. Al más puro estilo “lampedusiano”. Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas y no es coherente ni comprensible la alharaca mediática provocada. Los cubanos, y con ellos la oposición democrática, seguirán sufriendo la tiranía del régimen castrista hasta llegado el momento en que los siempre ineludibles condicionamientos biológicos conduzcan a la desaparición de Fidel y Raúl y veamos a sus directos herederos y beneficiarios intentar aferrarse al poder para perpetuar las canonjías y privilegios que recibieron de ese dúo de villanos.

“DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) manifiesta su plena solidaridad con el sojuzgado y maltratado pueblo de Cuba, que hasta 1898 fue parte de lo que se conocía como las Españas. Nos duele el sufrir de nuestros hermanos.

Consejo Político Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

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I.V.P.