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DE LA “C.E.C.A.” A LA MECA

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Años después de la constitución en 1944 del BENELUX, promovida por el belga Paul-Henri Spaak y la declaración institucional del francés Robert Schuman en 1950, el 18 de abril de 1951 vio la luz la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (“C.E.C.A.”) que puede considerarse el germen de dos organizaciones europeas supranacionales: la Comunidad Económica Europea (“C.E.E.”) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (“C.E.E.A.” o “EURATOM”), posteriormente unificadas en la primera de ellas que se transformó, por fin, en la actual Unión Europea (“U.E.”).

Los dos hombres de estado antes citados junto al francés, Jean Monet, el alemán Konrad Adenauer y el italiano Alcide De Gasperi merecen pues el honor de haber sido reconocidos como los “padres” de la actual Europa.

Su titánico esfuerzo, dificultado por las cicateras políticas nacionalistas del francés Charles De Gaulle, el inglés Clement Attlee y algunos otros gobernantes posteriores, han logrado convertir en una realidad (aún incompleta) el sueño de la unificación europea. Con su meritorio trabajo favorecieron el surgimiento de una iniciativa integradora cuyos principios económicos, sociales, culturales y políticos se sustentan en los sólidos cimientos del devenir histórico de la parte occidental del Continente Euroasiático desde hace más de dos mil quinientos años: Grecia Clásica, Roma (República e Imperio), Germania, Cristianismo, Renacimiento, Reconocimiento de los Derechos Humanos y Ciudadanos…

Pero esa ingente obra forjada con el trabajo, la sangre y las esperanzas de generaciones enteras de europeos puede quedar destruida en pocos años por la desidia y cobardía de quienes con su política de suicida tolerancia están permitiendo la peligrosa invasión del territorio europeo por parte de individuos que no respetan nuestra cultura, pretenden que abandonemos nuestras tradiciones e intentan imponernos sus salvajes, inhumanas y asesinas prácticas, aprovechándose para ello de unas leyes y unos derechos en los que no creen y cuya vigencia quieren abolir.

Igual que ocurrió en los últimos años del Imperio Romano, cuando se concedió la ciudadanía y los plenos derechos a los “bárbaros” que se establecían dentro de los límites del imperio e incluso en las aledañas tierras conquistadas por el empuje bélico (pero civilizador) de sus antepasados, caerá sin remedio nuestro IMPERIO DE LA ÉTICA, LA RAZÓN Y EL DERECHO forzado por las principales y poderosas armas del enemigo: el adoctrinamiento en el fanatismo radical islámico y la fecundidad de las mujeres sometidas al dominio despótico de los varones con el que, sorprendentemente, muchas colaboran de buen grado, incluso transmitiendo a su descendencia unas prácticas basadas en la sumisión, el odio, la guerra y la muerte.

De seguir por ese camino de loca sinrazón, los pocos europeos autóctonos que se libren de la lapidación, la mutilación, el ahorcamiento fanático, el degüello, la decapitación, la quema en vivo o el tiro en la nuca y en la cara serán obligados a postrarse de hinojos con la cabeza orientada hacia “ciudad sagrada” de los mahometanos y el trasero elevado hacia lo que antes fue Europa, viéndose obligados a peregrinar, al menos una vez en su vida, a LA MECA.

Así convertiremos en realidad ese dicho popular que ya recogía, sin artículos, Don Miguel de Cervantes en la inmortal obra, escrita hace más de cuatrocientos diez años, y que puede concretarse hoy en “IR DE LA CECA A LA MECA”. En este caso no nos referimos a la ceca en su acepción de lugar donde se acuñaba moneda sino a la “C.E.C.A”, que marcó el inicio de una época de esplendor que podría verse trágicamente truncada por ese nuevo terrorífico terremoto cuyo hipocentro está bajo la ciudad de LA MECA, epicentro de una engañosa manifestación de indemostrable fe pacífica en cuya autoproclamada bondad se esconde el Apocalipsis de la única Civilización que merece ese nombre. Con ello habremos recorrido, a toda velocidad, el camino desde la “C.E.C.A.”, que fue el preludio de un orto glorioso, hasta LA MECA, que es el lugar donde los cobardes artífices de la “tolerancia con los intolerantes” van a permitir que nazca el Anticristo.

“DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) se siente obligado a dar una voz de alarma para que los medrosos gobernantes europeos cambien sus estúpidas políticas de aceptación y respeto a un falso “multiculturalismo” cuando sus más directos beneficiarios no respetan la identidad social y cultural europea pugnando, además, por acabar con ella utilizando sin piedad la fuerza de las armas. Hay que ayudar a los discrepantes de entre las filas musulmanas, que desean para sus países la aplicación de los principios éticos y políticos que han engrandecido a Europa. Hoy ven peligrar sus vidas y las de sus allegados por la marea creciente de las abominables hordas alentadas y dirigidas por esas numerosas organizaciones terroristas que están practicando el genocidio social y religioso, destruyendo también una parte muy valiosa del Patrimonio Cultural de la Humanidad, que ya es irrecuperable.

Ignacio Vargas Pineda

Secretario Nacional Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

DCID – El Partido del Siglo XXI

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