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DE LOS HOMBRES DE TRES LETRAS A LOS HOMBRES DE SIETE Y OCHO LETRAS

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MASCARASReproducción de máscaras utilizadas en el teatro griego que simbolizan dos estados de ánimo de los personajes representados por los actores
 

DE LOS HOMBRES DE TRES LETRAS A LOS HOMBRES DE SIETE Y OCHO LETRAS

          Se dice que Tito Maccio Plautus (en latín, Titus Maccius Plautus), famoso comediógrafo romano cuya vida transcurrió a caballo entre los Siglos III y II a.C., para referirse a un individuo ladrón lo definió como “el hombre de tres letras”, expresión imaginativa que se sustenta en la palabra “fur”, cuya traducción al español es ladrón.

          En la problemática sociedad política que hoy sufrimos los españoles de a pie hemos podido comprobar con gran amargura que abundan “los hombres de tres letras” expertos en utilizar sus cargos para “distraer” delictivamente los dineros que, con harto esfuerzo, hemos aportado y aportamos a las Arcas Públicas los contribuyentes. Todos los grupos políticos que actúan en el escenario de las diversas Instituciones del Estado tienen en sus filas un abundante y amplio muestrario de esos especímenes a los que con tanto ingenio calificó Plauto.

          Pero, pese a la gravedad de los actos de esos mangantes que dificultan, y casi impiden, el normal desarrollo económico del País, sembrando de justa indignación a los perjudicados por ese comportamiento insolidario y criminal, opino que es mucho mayor el daño que están ocasionando a España los que me permito definir como “hombres de siete y ocho letras”, expresión que utilizo en forma dual aprovechando que las traducciones latinas de canalla y traidor son “verbero” y “proditor”, respectivamente.

          Y es que en los últimos tiempos proliferan en los partidos, y fuera de ellos, un gran número de individuos, a los que se les da demasiada cancha en ciertos medios de comunicación, cuyo principal “trabajo” es ofender a todos los ciudadanos decentes, ultrajando los símbolos de la Patria, tergiversando sin recato la Historia, atacando las tradiciones seculares que caracterizan nuestra forma de entender la vida e intentando imponer su propugnado modelo de sociedad carente de principios morales y valores éticos que hacen imposible la normal convivencia.

          Ese comportamiento canalla y traidor parece demostrar que es cierto el aforismo de Plauto recogido en su obra “Animaria”: “Homo homini lupus” (“El hombre es un lobo para el hombre”) cuya forma original, según dicen algunos estudiosos, es “Lupus est homo homini” (“El hombre es el lobo del hombre”)  (*) En cualquier caso, con esa dura afirmación se hace explícita referencia a los actos horribles que han sido y son capaces de hacer los hombres contra sus congéneres.

          Por desgracia, son tantos los acontecimientos recientes, y más aún los de nuestro proceloso pasado, que la abrumadora carga de su incuestionable evidencia nos incita al pesimismo y la desesperanza. Aunque no debemos dejarnos vencer por una negra sensación de abatimiento y derrota, porque entonces los “hombres de siete y ocho letras”  ganarían la guerra que ellos nos han declarado a los demás. De momento parecen haber triunfado ya en la reciente batalla, por culpa de los políticos de las castas nueva y emergente y sus cómplices que, por acción u omisión, nos han conducido a una encrucijada donde predominan el rencor, el odio y el afán de revancha, sentimientos de los que hace gala la izquierda radical con el aplauso entusiasta de un despreciable y vociferante coro de elementos antisistema y secesionistas de igual calaña.

           Pero los promotores del partido DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) creemos que no es tarde para reaccionar y, siguiendo con el esquema literal, acuñamos el vocablo DDEJLV, compuesto por las iniciales de DECENCIA, DEMOCRACIA, ÉTICA, JUSTICIA, LIBERTAD y VERDAD, que hemos ordenado alfabéticamente, pues todos los conceptos que representan revisten la misma importancia. Es un neologismo que resulta más fácil de pronunciar que lo es el respetar dichos conceptos y que, para quienes lo hemos acuñado, representa el léxico sustancial de nuestro proyecto político.

          Con voluntad y espíritu de triunfo conseguiremos cambiar en nuestros rostros la máscara de la izquierda por la de la derecha (que se reproducen en la imagen del encabezamiento) dentro de la obra representada cada día en una parte del  escenario del “Gran Teatro del Mundo” localizada en España; donde, por apatía, complejo o cobardía, se ha dejado el protagonismo casi absoluto a los “hombres de tres letras”, primero, y a los “hombres de siete y ocho letras”, después, aunque a muchos de ellos les son perfectamente aplicables ambas expresiones definitorias de forma simultánea.   

 

          Ignacio Vargas Pineda

          Secretario Nacional Provisional de

          DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

          DCID – El Partido del Siglo XXI   

descarga (37)Tito Maccio Plauto con la lauréola romana otorgada a los grandes poetas
 

(*) Las traducciones al español que he colocado entre paréntesis no son fieles a la literalidad de las frases latinas pues se alejan de la técnica lingüística de Plauto, análoga a la del resto de los escritores del  clasicismo romano, como es el caso del poeta Publio Virgilio Marón (Publius Vergilius Maro, en latín). Thomas Hobbes de Malmesbury (filósofo inglés que nació en el siglo XVI y falleció en el XVII siendo autor, entre otras de suma trascendencia social y política, de la obra “Leviatán”) fue quien mejor interpretó y plasmó en inglés dichas expresiones: “Man, wolf man” (“El hombre, lobo del hombre”)