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¡DESPERTA FERRO!

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Roger

Roger de Flor y los almogávares son recibidos por el emperador de Bizancio en Constantinopla

¡DESPERTA FERRO!

En estos atribulados tiempos que vivimos en España no viene mal rememorar algo de su Historia para tomar ejemplo de alguna de las gestas protagonizadas por los grandes personajes que lucharon contra el enemigo sarraceno dentro y fuera de sus fronteras. Es obvio que habrá que adaptar los hechos a las actuales circunstancias delimitadas por el marco de valores que debe caracterizar nuestra sociedad civilizada si queremos que sea merecedora de adjetivarse así.

En el siglo X surgieron en los territorios de España ocupados por los seguidores del Islam, denominado Al-Ándalus por ellos, pequeños grupos armados de sarracenos que se dedicaban al saqueo y a violentos ataques sorpresa en los dominios cristianos limítrofes. Sin entrar en la muy discutida etimología de la palabra, recordaremos que a los componentes de esos grupos se les denominó almogávares.

Según crónicas posteriores, la estrategia utilizada por los almogávares de origen musulmán para combatir al enemigo fue adoptada en el siglo XI por los reinos cristianos, mejorando su demoledora eficacia, como demuestran los acontecimientos históricos en los que participaron esos grupos cristianos que también recibieron el nombre de almogávares.

No es éste el momento, ni el presente artículo el lugar, de narrar las acciones de los almogávares de origen cristiano que han permitido a los historiadores ponerlos como ejemplo de coraje, espíritu de sacrificio y eficacia en el “arte” de guerrear, aunque en el saldo negativo queda registrada la crueldad de que hicieron gala. Eran otros tiempos y regían en todo el Mundo entonces conocido principios muy distintos a los que en el presente inspiran a quienes pertenecemos a las naciones del llamado Occidente libre.

No me resisto, sin embargo, a resaltar el nombre de Roger de Flor, nacido en la Península Itálica, educado en sus inicios por los caballeros de la Orden del Temple, más tarde mercenario al servicio de varios monarcas y nobles cristianos y finalmente al mando de las compañías almogávares organizadas por la Corona Aragonesa que se hicieron célebres por sus notables intervenciones en el levante español e Italia al servicio del rey de Sicilia, Federico II, hijo de Pedro III el Grande de Aragón. Su fama creció considerablemente cuando entró al servicio del Emperador de Bizancio, Andrónico II Paleólogo, para combatir a los turcos y vencer una vez tras otra aunque sus tropas fueran siempre ostensiblemente inferiores numéricamente. Tras la infame traición del vil Emperador, que ordenó asesinarle y eliminar a gran parte de aquellos aguerridos hombres, los almogávares supervivientes fueron capaces de derrotar a los ejércitos bizantinos, muy superiores en número, profiriendo (a la par del estruendo que producían con sus pesadas espadas) el característico y habitual grito:

¡DESPERTA FERRO!

Cabe destacar que los primeros que decidieron adoptar tales métodos de lucha contra los seguidores de Mahoma fueron los cristianos aragoneses, aunque en las filas almogávares se encuadraban mercenarios de todos los lugares de España, destacando sobre todo valencianos, mallorquines, navarros y catalanes. Nada tiene que ver la fantasmagórica historia que han inventado los secesionistas de la Cataluña contemporánea con la realidad de lo acaecido entonces pues, por mucho que se terminaran conociendo como “venganza catalana” las acciones de los almogávares en Bizancio una vez asesinado Roger de Flor, se trató de una gesta protagonizada por todos. En aquéllas fechas, aunque aún no se había consolidado la definitiva unidad de España, luchaban juntos defendiendo intereses comunes sin veleidades disgregadoras.

¿Cuál es, en mi opinión, el ejemplo que cabe extraer de este breve relato? A continuación resumo las conclusiones:

1ª) Estamos viviendo un episodio más de la permanente lucha entre nuestra actual civilización heredera del cristianismo y el Islam fanático y radical.

2ª) El enemigo utiliza grupos reducidos de comandos para atacar a los contrarios en su propio terreno, que unas veces actúan con las armas del adoctrinamiento (como ocurre en las “madrassas” y mezquitas regidas por imanes radicales) y otras con virulencia sangrienta y de forma despiadada (según demuestran los atentados terroristas que vienen asolando los distintos países occidentales e incluso los de Oriente Próximo y Medio). Podría decirse, pues, que equivalen a los antiguos almogávares sarracenos cuyos objetivos “pacíficos” eran, según dicen los filólogos, “provocar algaradas”, ser “portadores de noticias” y “demostrar orgullo y altivez”, siendo los objetivos guerreros el organizar matanzas indiscriminadas de aquéllos que consideran infieles.

3ª) Las equivalencias son significativas pues:

En la actualidad los renacidos almogávares organizados por los islamistas radicales provocan “algaradas públicas” en demanda de los supuestos derechos que les asisten y para exigir que los ciudadanos de los países, en donde residen y actúan, renuncien a sus costumbres y tradiciones ancestrales e incluso a sus raíces ideológicas y culturales.

Son también portadores de noticias en un claro doble sentido. Del exterior al interior, importando una concepción de la vida y de la sociedad que choca frontalmente con la que caracteriza a nuestros países y adoctrinando en esas ideas no solo a los musulmanes convencidos sino a los que aún no las tienen asumidas. Y del interior al exterior, en una labor de espionaje, vigilando la forma de vida de quienes tan generosamente les han acogido y estudiando los puntos más vulnerables de nuestras estructuras sociales y políticas para trasmitir esa información a los dirigentes de los distintos movimientos islámicos que controlan los diversos grupos terroristas, ayudándoles a conseguir los recursos económicos y los medios logísticos que precisan para su actividad delictiva.

En su comportamiento cotidiano y en sus comparecencias públicas manifiestan un enorme “orgullo” y una exacerbada altivez que contradice la escasa racionalidad que caracteriza sus prácticas cotidianas pero que, en realidad, son propias de sus fanáticas creencias. Solo hay que observar con qué insolencia actúan como si fuesen los dueños de los países que los han acogido y escuchar la sarta de disparates y amenazas que profieren en cuanto se les suelta la lengua.

Y, lo que es más grave, el salvaje e impío comportamiento de los comandos terroristas islámicos cuando torturan hasta la muerte a sus víctimas o atentan sin medida contra las propiedades de los ciudadanos y el patrimonio de las naciones invadidas por esa horda asesina.
4ª) Para vencerles hay que utilizar sus mismas estrategias aunque no la saña vengativa y homicida que les caracteriza. Por algo somos seres civilizados que nos regimos por leyes que garantizan el respeto de los derechos humanos.

Los NUEVOS ALMOGÁVARES que se enfrenten al peligro de la invasión islámica deberán actuar en terreno enemigo empleando todos los medios a su alcance para derrotarle. Es decir, hay que infiltrarse entre las poblaciones a las que dominan por el terror y adiestrar a quienes no comparten sus métodos, pero no con el único fin de provocar algaradas y revueltas, sino para facilitarles los medios materiales y “didácticos” que permitan a los no radicales formar ideológicamente a los musulmanes decentes (que también los hay, aunque muchos de ellos temen manifestarse) en la defensa de los valores propios de las sociedades respetuosas con los derechos de las personas y para que puedan organizarse de forma adecuada y eficaz.

Deberán también infiltrarse en los lugares de origen numerosos agentes, altamente preparados, de nuestros servicios de “inteligencia” civil y militar para recabar información sobre aquellos puntos neurálgicos donde se concentra su potencial armamentístico y económico con el fin de informar a los mandos que dirigen las fuerzas antiterroristas y así poder organizar estratégicamente los futuros planes de ataque.

5ª) Es necesario mantener la unidad y dejar al margen las absurdas diferencias que se pretextan para defender miserables egoísmos y ambiciones de poder.

Nada justifica la desunión que se detecta alegando la lógica diversidad de circunstancias personales o colectivas. Ni el lugar de nacimiento, ni la ascendencia genética, ni el idioma, ni las costumbres, ni la tradición, ni la historia, ni la situación económica pueden ser una barrera que impida luchar juntos para defender la civilización que nos ha costado siglos construir. Pero tampoco lo son las diferencias ideológicas ni los espurios intereses partidistas.

Es lamentable escuchar las indignantes palabras que pronuncian algunos “progresistas” ubicados en los distintos espacios del tradicional espectro ideológico (izquierda, derecha y centro, según la terminología acostumbrada) para defender su cobarde y traidora actitud cuya asunción por el resto de ciudadanos nos conduciría al suicidio colectivo.

DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) se une a la voz de quienes quieren salvar al MUNDO CIVILIZADO de la barbarie que representa el Islamismo radical, tanto por su doctrina impulsora de la yihad como por sus ramificaciones terroristas que la llevan a efecto.

Es la hora de que los españoles cerremos filas y nos unamos al resto de los países amenazados por la plaga maligna y sangrienta que representa esa enorme amenaza de los que cínicamente proclaman el Islam como una religión de paz pero de hecho justifican la guerra santa y el exterminio de todos aquéllos que sus dirigentes consideran infieles.

Vayamos juntos, como NUEVOS ALMOGÁVARES del Siglo XXI, utilicemos todo el armamento ideológico que representa la razón de ser de nuestra civilización, pero también usemos con coraje el estruendo de nuestro poderío tecnológico al grito unánime de ¡DESPERTA FERRO! prestémonos a una lucha que será prolongada y dura.

Blandiendo las hermosas espadas de la LIBERTAD, la JUSTICIA y la VERDAD es seguro que ganaremos no solo la actual batalla sino la guerra que declararon hace más de catorce siglos contra la Humanidad esas bestias salvajes, con el falso pretexto de las diferencias religiosas.

¡¡¡DESPERTA FERRO!!!

NO QUEREMOS VENGANZA, SOLO JUSTICIA.

Ignacio Vargas Pineda
Secretario Nacional Provisional de
DERECHO CIUDADANO A DECIDIR
DCID – El Partido del Siglo XXI

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