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EL NUEVO JARDÍN DE LOS MOSTRUOS NO ESTÁ EN BOMARZO

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orco “El Orco” o “La Boca del Infierno” en “El Jardín de los Monstruos” de Bomarzo

EL NUEVO JARDÍN DE LOS MOSTRUOS NO ESTÁ EN BOMARZO

 

En el pueblo italiano ubicado al norte del Lazio cuyo nombre es Bomarzo se encuentra el palacio que en el siglo XVI fue residencia del duque de igual denominación, Pier Paolo Orsini, al que se conoció con el alias de “Vicino”, en cuyo entorno, como homenaje a su esposa fallecida en 1560, ordenó situar una especie de bosque de singulares características surrealistas que con el paso del tiempo se ha venido en denominar “El Parque de los Monstruos” o “El Jardín de los Monstruos”. Ello es debido a que, resguardados por la vegetación, se situaron en él figuras esculpidas en piedra que representan personajes y animales mitológicos fantásticos o impropios de esas latitudes, algunos de ellos de aspecto monstruoso y atemorizador que producen en el visitante una sensación de inquietud indescriptible.

Según narran los cronistas su deformidad física (era jorobado), su infancia poco feliz, su adolescencia y juventud conflictivas, las penalidades sufridas en su actividad guerrera para defender los Estados Papales de los ataques turcos y de los rebeldes protestantes en Flandes, su cautiverio en un castillo tras la derrota contra las tropas españolas en la Batalla de Hesdin y sobre todo las enrevesadas estrategias y manipulaciones del papado, cuyos encargos le causaron repugnancia y hartazgo, fueron la causa de su carácter huraño y muy introvertido que le llevó a exteriorizar los fantasmas que dominaban su pensamiento en las monstruosas figuras cuya colocación dispuso en el jardín de su palacio. Aunque la formación del mismo debió comenzar antes de la muerte de su esposa, es posible que concluyera después de ese luctuoso acontecimiento que terminó por arrastrarle a una profunda melancolía y le dejó sumido en la más negra amargura, cuya intensidad justificaría la existencia de algunas de las siniestras figuras que hoy podemos contemplar.

Una de ellas, que se conoce como “El orco”, representa una cabeza con la boca amenazadoramente abierta en disposición de engullir cuanto se ponga a su alcance. En realidad es la puerta de una cueva cuyo interior, al fondo, alberga algo muy parecido a un altar pagano donde incluso podrían practicarse sacrificios rituales. Atendiendo a la principal acepción que figura en el Diccionario de la RAE se la conoce como “La Puerta del Infierno”. Otros analistas han interpretado ese término en el sentido de ogro tal como lo entiende la literatura fantástica (los orcos que aparecen en las novelas del escritor británico sir John Ronald Reuel Tolkien son seres humanoides de costumbres salvajes y brutales en extremo cuyas características, según se recoge en sus textos y también en los juegos de rol, pueden resumirse así:

“Tienen un carácter hosco, envidian el bienestar de otros seres y los odian porque los creen culpables de su forma de vida. Por eso una gran mayoría de ellos tienen comportamientos diabólicos.”

“Pertenecen a una raza belicosa, atrasada y bárbara dispuesta a arrasar cuanto encuentra a su paso.”
“Su sociedad se estructura en clanes.”

“Para resolver sus diferencias utilizan la fuerza bruta, lo que suele ser motivo de continuos enfrentamientos entre los diversos clanes rivales y con otros grupos.”

“Su carácter violento y belicoso les mueve permanentemente a invadir las zonas ocupadas por otro clan o los territorios que habitan los grupos envidiados, atacando salvajemente a sus pobladores y tratándoles sin misericordia alguna”

“En general tienen escasa inteligencia, circunstancia que les lleva a convertirse en bárbaros guerreros de ferocidad sin límite.”

“En cada clan existen dirigentes a los que atribuyen y reconocen conocimientos superiores, comportándose como auténticos chamanes que invocan el poder de una brutal divinidad.”

“La reducida inteligencia de la mayoría permite que otros los engañen y, por tanto, se aprovechen de ellos. Es sumamente fácil el manipularles prometiéndoles beneficios”.

“Cuando descubren que han sido engañados, los manipuladores pueden darse por muertos.”

Antes de entrar en la materia de fondo, que intentamos diseccionar con el presente artículo, recordaremos algunos aspectos curiosos que se derivan de ese retazo de la Historia de la Edad Moderna Europea centrado en los hechos casi legendarios con los que hemos iniciado su redacción.

El escritor argentino don Manuel Bernabé Mujica Láinez, en su interesante obra de título “Bomarzo” construye a partir de datos históricos una narración que recoge de forma novelada algunos de los hechos de la vida de Pier Paolo Orsini que sirvieron posteriormente para que su autor y el dramaturgo español de la Generación del 27 don Alejandro Rodríguez Álvarez (Alejandro Casona, «El Solitario») escribieran el libreto de la ópera de igual título cuya partitura es del músico, también argentino, Alberto Evaristo Ginastera.

Al principio del Cuadro 1 de la Escena 1 del Acto Primero de la Ópera, el protagonista está dispuesto a beber la poción “mágica” facilitada por el astrólogo Silvio de Narni con la vana esperanza de vivir eternamente (y libre de las pesadillas que le agobian) sin saber que no es más que un veneno que le conducirá a la muerte. Antes de rememorar su existencia se lamenta así:

                                     “La vida me llevó, con su tormenta,
                                     por senderos atroces, de desgracia.
                                     He vivido rodeado por los monstruos
                                     que son como el espejo de mi alma.
                                     Y veo que del mundo los regalos
                                     no valen nada, nada, nada, nada.”

Su amarga experiencia personal nos proporciona un sólido soporte para extraer enseñanzas acerca de uno de los problemas más graves a los que se enfrenta hoy nuestra civilización europea.

bomarzoVista parcial de la ciudad de Bomarzo

Tanto el personaje de la historia que hemos narrado de forma somera como las curiosas circunstancias derivadas de su peripecia vital y la forma en que el antes citado insigne literato del Siglo XX expuso libremente los hechos en la novela “Bomarzo” y en el libreto de la ópera homónima, nos permiten establecer ciertas curiosas similitudes con los protagonistas del terrorismo islámico que no nos resistirnos a destacar.

Pier Paolo Orsini vivió desde muy niño situaciones personales cuyos virulentos y terribles efectos sobre su mente le produjeron angustias tan intensas que le llevaron siempre a ver monstruos imaginarios extraídos de una desbordada fantasía, hasta el punto de intentar su plasmación en piedra dentro del recinto del parque que rodeaba su palacio.

Nuestra sociedad arrastra desde hace muchos siglos los temores que se derivan de una historia conflictiva que forzó a las naciones europeas a mantener una alerta permanente para la eficaz defensa del territorio que ocupaban dentro de lo que al inicio de la Edad Moderna fue una de las cuatro partes del Mundo entonces conocido. Y los monstruos que por esos remotos años lo amenazaban no eran fruto de la imaginación de las personas que vivieron aquéllos tiempos en extremo aciagos. Con el paso de los años, las circunstancias políticas europeas y el acelerado ritmo del crecimiento económico han hecho creer a un gran número de los actuales habitantes de Europa (entendida en su sentido más amplio y no solo como la parte de ella que se denomina Unión Europea) que los monstruos contra los que hoy algunos entendidos nos advierten son exclusivo fruto de su imaginación calenturienta y, a lo más, conforman una realidad inmóvil como los tallados en piedra que descansan ahora dentro del “Parque de Bomarzo”. 

monstruosLos monstruos reales que nos amenazan están dentro de nuestro jardín

Pero, por desgracia para todos nosotros, no es así. Los monstruos que en el presente nos amenazan no son fantasmas imaginarios ni son figuras rígidas a las que no cabe temer por mucho que inquiete su presencia.

Y tampoco están situados únicamente en otros jardines ajenos y lejanos. No. Hace décadas que han entrado en nuestro propio jardín y sus voraces fauces amenazan con devorar cuanto se pone a su alcance. Son como los orcos antes descritos: nos odian porque nos creen culpables de todos sus males (provocados, en realidad, por su propia naturaleza salvaje), envidian el bienestar de que gozamos y desean arrebatárnoslo destruyendo nuestro sistema de vida (valores judeocristianos y democracia) y nuestras costumbres (libertad, igualdad entre los sexos y derechos humanos), están atrasados y tienen mentalidades caducas propias de la Edad Media aunque utilicen tecnología contemporánea, son altamente belicosos y bárbaros, están dispuestos a arrasar todo cuanto se les pone al alcance (Palmira, Museo Nacional de Irak en Bagdad), están divididos en clanes (Al Qaeda, Ejército Islámico, Hamás, Hezbolá, etc…) y con un afán diabólico se atacan virulentamente unos grupos a otros (chiítas, sunitas, etc…), masacran poblaciones y colectivos enteros de forma inmisericorde (Samarra, Mosul, Tikrit, etc..), nos agreden a nosotros (atentados terroristas del 11S de 2001 en Nueva York, ¿11M de 2004 en Madrid?, 7J de 2005 en Londres, 7 E y 13N de 2015 en París), la mayoría de los “combatientes” (yihadistas) son manipulados y arrastrados a la guerra (yihad) por unos pocos individuos que conforman la élite chamánica (califas, imanes ayatolas, etc…) con la promesa de los hipotéticos beneficios (el paraíso repleto de huríes al que alude el Corán) cuyas delicias les serán concedidas en “justo” premio por el salvaje e inhumano comportamiento al que les incita esa canalla dirigente invocando el nombre de una divinidad (Alá) hasta conducirles incluso al sacrificio personal (suicidio, que impropiamente llaman “inmolación”).

Quieren hacer entrar por la siniestra puerta de su particular “Boca del Infierno”, para sacrificarlos sin piedad en el altar de un fanatismo supuestamente religioso, a cuantos ellos consideran infieles, por profesar otras religiones o ninguna, y apóstatas, por abandonar su fe musulmana o no cumplir los mandatos coránicos.

En DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) estamos convencidos de que el verdadero “Jardín de los Monstruos” no está en Bomarzo sino que ocupa todo el Orbe, en general, y nuestra tierra europea, en particular, de forma que si queremos acabar con la sangrienta amenaza de esos monstruos reales (que tienen el corazón de piedra) será necesario no solo eliminar a los terroristas que ya tenemos en nuestra casa, que es Europa, sino destruir los “talleres” ubicados dentro de otros países musulmanes donde se “esculpen” tales monstruos, como es el caso de Afganistán, Irak y Siria.

Aunque eso no basta, pues también deberán desarticularse las redes de financiación de esas factorías de matarifes mantenidas por jeques y monarcas de ciertas naciones que los tontos útiles occidentales califican de “moderados”, sin detenerse a pensar que con su generosidad traducida en petrodólares les están proporcionando continuamente los cuantiosos medios económicos imprescindibles para mantenerlos operativos. Tales son casi todos cuantos rigen con mano férrea y asesina la mayor parte de los países musulmanes del Oriente Próximo y del Oriente Medio.

Por eso, el día 18 de noviembre, DCID se ha adherido al “Pacto de Estado contra el Terrorismo Yihadista” proponiendo la inclusión de dos nuevos puntos en el “Acuerdo para afianzar la unidad para la defensa de las libertades y en la lucha contra el terrorismo” que garanticen una colaboración efectiva de España con las demás naciones del Mundo Libre

Ignacio Vargas Pineda
Secretario Nacional Provisional de
DERECHO CIUDADANO A DECIDIR
DCID – El Partido del Siglo XXI

casaLa casa inclinada en “El Jardín de los Monstruos” de Bomarzo no debería ser
el símbolo del inminente declive y la posterior caída del nuestro bello edificio
europeo, construido por aquéllos que nos precedieron durante siglos de gran
esfuerzo y enorme sacrificio