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¿ERAN HUMANOS LOS ROMANOS?

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No han pasado tantos años; es más, apenas han pasado años, y seguimos igual.

La Humanidad no avanza hacia la bondad, antes bien parece retroceder hacia la maldad.

Los romanos, arrojaban a sus hijas recién nacidas a la orilla del río Tiber, para que fueran devoradas por las ratas y otras alimañas.

No era necesario, ni se practicaba, el aborto. Sobraban mujeres y, si morían en el parto de una niña, mejor que mejor, dos cargas menos de un flechazo: sólo querían hombres para guerrear, conquistar, arrasar.

En el Medioevo, los señores feudales tenían derecho de pernada y de vida sobre las mujeres, que para ellos eran inútiles trastos, concebidos sólo para el placer e inservibles cuando ya no lo proporcionaban.

Hoy, en muchos países, la mujer es un objeto sexual de segunda categoría, y, en aquéllos en los que se las acepta como seres humanos, su valoración no llega a equipararse, casi nunca, a la del hombre. Salarios más bajos, reconocimiento académico menor, labores denigrantes, aberraciones sexuales, abusos, violaciones “tapadas” porque hay que conservar el puesto de trabajo, abusos de poder, hasta llegar al límite de la degeneración humana que es el llamado “derecho al aborto”

En DERECHO CIUDADANO A DECIDIR estamos convencidos de que el aborto no es un derecho, ni siquiera una solución.

El aborto es parte del problema.

Ante las gravísimas amenazas a las que nos enfrentamos, y que es innecesario enumerar (el que no las conozca es obviamente un irresponsable) nuestro mundo necesita crecer, hay que incrementar la natalidad, en lugar de prescindir, por comodidad y egoísmo, de los que reclaman su derecho a nacer.

DERECHO CIUDADANO A DECIDIR, promueve la cultura de la vida, el aumento GEOMÉTRICO de la natalidad, porque, si no es así, en veinte años, otras etnias, no particularmente pacíficas, nos dominarán y destruirán, nos asesinarán a todos.

¿Cómo podríamos, entonces, solucionar el problema que ya hemos enunciado? Hagámoslo con una táctica mnemotécnica y apliquemos el Sistema EFE:

E.- Educación

F.- Formación

E.- Enseñanza

Sí, es muy sencillo. Expliquemos a nuestros jóvenes, y a los no tan jóvenes, que no es necesario abortar, que EL ABORTO NO ES UN MÉTODO ANTICONCEPTIVO, como tampoco lo es la llamada “píldora del día después”.

Eduquémoslos sexualmente, no temamos hablarles sin tapujos de sexo. Seguro que ellos ya conocen mucho de esa materia, pero ayudémosles a que lo comprendan y lo asimilen. Es una tarea de los padres.

Formémoslos sexualmente, en la formación está el respeto y el conocimiento del propio cuerpo y del de nuestra pareja, el saber qué hacer, cómo y cuándo. Y, para ello, están los encargados de su formación, que, lamentablemente, quizá ellos también deban ser previamente formados; creemos que, entre todos, maestros y padres, podremos conseguirlo.

Enseñanza sexual, porque en la enseñanza está lo que nos diferencia del resto de los animales, aunque de algunos deberíamos aprender. Somos humanos, y el acto sexual, la cópula, exige ternura, deseo, veneración por el cuerpo de la pareja, cariño, dulzura, compenetración, complicidad, picardía, suavidad, energía (no es un contrasentido), placer, elevación de dos espíritus unidos en una misma búsqueda: el culmen final, el abrazo definitivo, el que nos lleva al nirvana, aún por unos segundos. Esa es la relación verdadera y fructífera de un hombre y una mujer. Y, desde luego, eso es AMOR. Y la posible consecuencia de tan hermosa realidad no se elimina abortando, desechando ese fruto como algo inútil y sin valor.

El coraje está en tenerlo, pero en su momento.

No promovemos, en forma alguna, que las jóvenes se queden embarazadas, al contrario, aconsejamos que usen los métodos necesarios para evitarlo: preservativos, diafragmas, espirales, toma de temperatura basal, pastillas anticonceptivas, etc.

Para ello, no deben dudar en hablar con sus padres y madres (ellas aconsejan mejor), incluso con su médico de familia, lo que no tiene coste alguno para recibir un eficaz y adecuado asesoramiento. Todo antes que un embarazo no deseado y un traumático aborto, que las dejaría física y psicológicamente marcadas de por vida.

Es fácil deducir, por tanto, que DERECHO CIUDADANO A DECIDIR no está, de ningún modo, a favor de la promiscuidad, defendiendo la fidelidad y la responsabilidad en las relaciones de pareja, dentro de las que debe primar el AMOR como pilar básico.

Es muy simple. SOMOS HUMANOS, NO ROMANOS.

 José Roberto Roca Torregrosa

Vicepresidente Nacional Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR