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¡FUERA LAS MÁSCARAS!

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MASCARA VENECIANA

¡FUERA LAS MÁSCARAS!

En España, desde hace décadas, los políticos adscritos a esa difusa corriente ideológica que se ha venido en llamar derecha han demostrado su incapacidad para construir un código bien definido recopilador de los principios que deben orientar la acción de los gobiernos sustentados en ella y, por tanto, de estructurar un mensaje coherente con los mismos, que permita a los votantes discernir nítidamente cuáles son las diferencias esenciales que los distinguen de ese otro grupo también heterogéneo de políticos militantes en la denominada izquierda. Pero existe una notable diferencia. Mientras los primeros se encuentran divididos en facciones irreconciliables que, a la hora de la verdad son incapaces de presentar un frente común ante sus adversarios, los sectarios grupos que conforman los segundos se unen férreamente para alcanzar el poder sea como sea. Recuérdese el Frente Popular constituido en 1936 y la reciente votación en la última sesión de investidura celebrada en el Congreso de los Diputados que podría ser, si la Providencia no lo evita, el preludio de una peligrosa reedición de aquél.  

Lo más grave es que esa enfermedad congénita de la derecha (llamémosla así para entendernos) se ha contagiado a la mayoría de los ciudadanos que comparten, al menos en teoría, análogos postulados. No existe una tradición de UNIDAD que tan necesaria es cuando se quieren alcanzar objetivos perdurables, a diferencia de las sectas de la izquierda (utilicemos ese vocablo para centrar los conceptos) que, aun siendo capaces de despellejarse unas a otras, en tiempos conflictivos se unen como una piña a la hora de adoctrinar a los menos avezados y manipular la información que llega a una sociedad mal documentada y, por tanto, indefensa ante sus hábiles y eficaces métodos propagandísticos. Y, lo que es peor, a remar juntos en la dirección que conduce inexorablemente a las cataratas de detritus en donde se ahogaría nuestra Patria.

Parece que a la derecha le avergüence mostrar en público sus señas de identidad y por eso lleva tiempo, sobre todo desde la Transición hacia lo que hoy nos amenaza, mimetizando a la izquierda e imitando el cacareado comportamiento “progresista” de sus más genuinos representantes. Mientras que los gobiernos del PSOE y sus compadres, cuando acceden al poder, barren todos los avances legislativos que la derecha había logrado promover y acapara los cargos decisorios de las Administraciones Públicas, prescindiendo sin pudor de las personas que accedieron a los mismos mediante una ortodoxa carrera funcionarial o bien los condena al ostracismo, la derecha mantiene las leyes promulgadas durante los mandatos del PSOE aunque sean notoriamente injustas y deja en sus puestos a los que éste instaló sin moderación, aunque lo hiciera por procedimientos heterodoxos contrarios a la vigente normativa y ajenos a los principios constitucionales de mérito y capacidad.

Se ha llegado al extremo de que los analistas políticos más rigurosos califican al último gobierno del PP, ahora en funciones, como el de la tercera legislatura del anterior Presidente de Gobierno.

Y ello es así porque, atendiendo a sus prácticas cotidianas, cabe adjetivar la política desarrollada por él como palmariamente socialdemócrata, pero no en el sentido de esa palabra que más beneficioso sería para los españoles de menor poder adquisitivo sino para la conformación y consolidación de una clase política privilegiada que se reserva para sí todas las ventajas que niega a los demás e incluso acumula prebendas de imposible justificación.

La derecha, en un afán casi desesperado de disfrazarse de lo que nunca debería ser ni parecer, se pone la careta supuestamente “progresista” y, después de redactar unos programas electorales que incluyen medidas dirigidas a defender y fomentar los valores tradicionales que las personas de bien respetan, los incumple en aras de conseguir arañar votos en los caladeros donde pescan los dirigentes de la izquierda.

O son ingenuos o son estúpidos porque con esa actitud solo consiguen que quienes antes confiaron en que iban a cumplir los programas electorales abandonen sus filas e incluso depositen el voto en el cesto de los partidos oponentes, incluso los de corte populista.

Presentar un rostro bifronte puede resultarle muy útil a un personaje de la compleja mitología romana como es Jano, dios de las puertas, los comienzos y los finales, pero es ridículo y contraproducente para un partido político que afirma defender en las Instituciones a sus representados. La doblez no abre las puertas a un Mundo más justo, no es un buen comienzo para convencer a los votantes y no augura un final acorde a lo que éstos necesitan y anhelan.

El resultado de esa operación de camuflaje, en la que se muestra una de las caras dirigida hacia los principios más nobles y recomendables de la derecha y la otra mirando complacida los actos más reprobables e indeseables de la izquierda, es fatalmente desolador.

Como prueba, ahí están los resultados de esa dicotomía que deja al descubierto lo más inmundo de esa doblez hipócrita. Al final, los electores no saben a qué carta quedarse y, o bien no acuden a votar el día de los comicios o prefieren depositar en la urna la papeleta correspondiente a favor de uno de los partidos que la derecha, traicionando sus esencias, ha escogido como modelo a seguir. ¿Para qué elegir la copia si se puede optar por el original?

JANO EL DIOS BIFRONTE

Por si no fuera bastante con ese dualismo, que produce una “empanada mental” en quienes son espectadores sufrientes de tamaña desvergüenza, todavía puede superar tal desfachatez no solo esa misma derecha indecisa sino sobre todo otra formación de nuevo cuño que hoy se presenta con una cara, mañana con otra y, por si acaso, con una tercera.

Es el baile “ideológico” derecha-centro-izquierda en el que realizan sus piruetas los patrocinadores de un partido que se cree llamado por el Destino (que no Dios, pues proclaman muy alto ser agnósticos o ateos o, simplemente, no creyentes) para regenerar la vida política española. Para rizar el rizo se muestra ante los electores con tres caras distintas. Entre sus filas hay antiguos militantes de la derecha, fanáticos de la izquierda y restos del naufragio de los experimentos centristas de finales del pasado siglo.

Con esa extraña mezcolanza es muy fácil seguir al pie de la letra la doctrina enunciada por el genio de Groucho Marx: “Estos son mis principios, …; si no le gustan tengo otros”. No he visto mejor crítica para el cobarde y rastrero comportamiento de los acomodaticios, los chaqueteros y los tránsfugas. Gracias a que se trata de una aguda ironía algunos podríamos declararnos “marxistas” sin por ello ruborizarnos. Son pues el remedo contemporáneo de carácter “trifronte” (a veces tricéfalo) de ciertos canecillos (también llamados canes o modillones) de algunas edificaciones románicas del Siglo XII, como es el caso, entre otras, de la Iglesia de San Martín de Artáiz en Navarra.

CANECILLO TRIFONTE DE ARTAIZ (NAVARRA) Canecillo “trifronte” de la Iglesia de San Martín de Artáiz (Navarra)

Según se desprende de los testimonios escritos en ciertos incunables relativos a esa cuestión, el arte medieval cristiano tomó la idea de las tradiciones legendarias de la antigüedad previa al nacimiento de Roma, como es el caso de Hécate, la arcaica diosa que se vincula con el mundo de las sombras (la oscuridad, el terror, la hechicería y los arcanos) que en las noches sin luna vagaba por la tierra, según se creía, precedida de una jauría de perros que con sus aullidos anunciaban su aparición. Ahora aúllan otros perros sujetos por collares distintos.

También se relacionaba lo “trifronte” a la imagen tricéfala del Can Cerbero, criatura de la Mitología Griega, que como fiel perro de Hades (Plutón para los antiguos romanos y dios del inframundo) guardaba las puertas del mundo de los muertos con el fin de evitar que pudieran salir los que en él se encontraban.

Si me he detenido a explicar estos detalles es para establecer una metáfora comparativa entre el reino de Hades, que es el de la muerte, y el mundo al que nos quieren condenar esos nefastos políticos “trifrontes”, representado por una sociedad en la que han muerto la VERDAD y la DECENCIA.

El modelo artístico ha sido posteriormente imitado con mayor calidad estética por algunos diseñadores de épocas más recientes y no me resisto a incluir uno que, en línea con las bellas caretas utilizadas en los Carnavales Venecianos, representa la curiosa trinidad que sustenta la acción política de esos magos de la oscuridad que pululan por el inframundo de las Instituciones.

La imagen puede ser más eficaz para mostrar el asombro de los electores ante esos partidos que juegan siempre en el campo del equívoco y tan pronto se presentan con la etiqueta de derecha, como de centro o izquierda según convenga de acuerdo con la adscripción ideológica del auditorio al que dirigen sus mensajes.

En la tierra de la “igual da” conquistada a fuerza de mentiras por el inefable presidente Rodríguez, donde la transversalidad es considerada una virtud y también es valorada como peculiar mérito la carencia de sólidos principios éticos, la siguiente imagen sería un emblema a exhibir y casi un monumento a la indefinición.

IZQUIERDA CENTRO O DERECHA

Todos los actores que actualmente intervienen en el teatro de la antigua farsa política, sean de la casta antigua o emergente, cubren el rostro de sus verdaderas intenciones con la ostentosa máscara de la supuesta ideología en que sustentan sus programas electorales y sus discursos ante los ciudadanos, pero ocultan de forma artera la cara que de verdad les define, cuando menos hasta que han conseguido el objetivo de alcanzar el poder al comienzo de una legislatura.

Y cuando sus ingenuos votantes se dan cuenta del engaño, porque sufren en sus propias carnes los efectos de las actuaciones de aquéllos a quienes eligieron, ya es tarde para rectificar. Lo sorprendente es que al finalizar el tiempo de su mandato vuelven a colocarse la careta y muchos incautos siguen cayendo en la misma trampa y… otra vez a empezar.

QUE OCULTA...

Por eso, muy preocupados por el futuro que les espera a España y a los españoles decentes en este permanente baile de máscaras al que nos han condenado los maestros de ceremonias del tinglado, en DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) estamos prestos no solo a decir ¡YA BASTA! Sino a actuar con coraje y firmeza para que TODOS JUNTOS representemos una REALIDAD ESPERANZADORA y no una farsa como la que, desde hace ya más de cuarenta años, nos vienen obligando a soportar los artífices del miserable engaño que denunciamos.

Con energía decimos ¡YA BASTA!… Arranquemos sin temor las máscaras a esos falsarios y tomemos las riendas de nuestro destino común como PUEBLO SOBERANO que somos.

Aunque dentro de nuestro cuerpo electoral haya muchos traidores que desean arrebatarnos esa irrenunciable soberanía, manipulando nuestros cerebros con el mantra de lo “políticamente correcto” que ellos han diseñado y pretenden imponer, borrando de los espíritus y las conciencias los principios y valores que deben regir en una Nación donde las principales metas a alcanzar sean la JUSTICIA y la LIBERTAD (entendidas en su más noble concepción) y destruyendo así el edificio de la PATRIA COMÚN E INDIVISIBLE DE TODOS LOS ESPAÑOLES que tantos siglos ha constado edificar y mantener. El trabajo será titánico pero el esfuerzo merece la pena.

BASTA YA. FUERA MASCARAS

Algunas personas, a las que no considero malintencionadas, pero si equivocadas, me dicen que para conseguir desplazar a la canalla enmascarada que hoy controla el País es necesario que los ciudadanos voten a la opción política que representamos nosotros y otros partidos afines. Para ello, afirman, es necesario presentar ante los electores un programa que recoja las actuaciones que, siguiendo las encuestas de opinión, a ellos les parecen prioritarias, aunque tengamos que presentar solo la cara amable de lo que les resulte cómodo y no nos detengamos en propuestas que les comporten la realización de un sacrificio. Es decir, hablemos de sus derechos y olvidémonos de sus obligaciones. Ofrezcámosles carnaza para que piquen el anzuelo, ofreciendo solo subvenciones y ayudas de toda índole para convertirles en niños mal criados que solo saben exigir y nunca están prestos a dar. Olvidan que eso es lo que han hecho siempre los caciques políticos desde que se inventó la moderna democracia representativa. Recordemos el duro de plata ofrecido por los políticos de la Restauración a los electores, el aberrante PERT implantado por los gobiernos del PSOE en Andalucía y Extremadura (no suprimido por los gobiernos del PP, las pensiones no contributivas (algunas de dudosa legitimidad), las continuas cesiones económicas a las Regiones controladas por los separatistas, las anacrónicas cesiones forales en las Vascongadas y Navarra. Acciones todas dirigidas a recabar y conseguir el voto con la miserable compra de voluntades.

Pero para ese viaje no hacen falta alforjas. Si ofrecemos a los ciudadanos lo que ya han conseguido de la “partitocracia” imperante… ¿para qué van a elegir nuestra opción? Seguirán depositando sus votos en las organizaciones que satisfacen sus más bajos instintos de supervivencia y de adaptabilidad a la peor de las corrupciones que hemos soportado en España: la utilización de la política para el beneficio personal con abandono absoluto del altruismo que debe caracterizar las acciones de los verdaderos hombres y mujeres de Estado. Aquí sí que es conveniente usar esa distinción entre los sexos pues siempre se adjudicó ese virtuoso comportamiento al sexo masculino, con absoluto desprecio hacia el femenino.

Flaco servicio habremos hecho a la causa de regenerar la vida política de la Nación si todo nuestro esfuerzo se centra en agradar a los posibles votantes no siendo plenamente sinceros a la hora de manifestar en público los principios que rigen nuestra conciencia por mucho que éstos puedan incomodarlos. Admito que la VERDAD parece ser un inconveniente cuando se busca solo el objetivo de salir elegido a toda costa, incluso al precio de traicionar los más nobles ideales.

Pero no merece la pena llegar a ocupar una parcela de poder en las Instituciones si para ello hemos de caer en el mismo defecto en que casi todos incurren: ocultar las verdaderas pretensiones parapetando cobardemente el rostro tras una máscara cuyo fin sea complacer a los electores, con la exclusiva finalidad de conseguir su voto mediante mentiras o medias verdades.

Es claro que, ante la dura y profunda crisis económica por la que atravesamos, cuya intensidad ha empujado dramáticamente a numerosas familias hacia una situación cercana a la pobreza, las primeras propuestas que las personas afectadas están deseando escuchar son las encaminadas a resolver los problemas que les angustian y preocupan: tener un empleo digno con una retribución adecuada y suficiente para cubrir las necesidades primordiales, gozar de una sanidad eficaz, disfrutar de un sistema de enseñanza que nos evite el escarnio de figurar en puestos vergonzosos del Informe PISA anual, terminar con la burocracia innecesaria que se ha adueñado de las Administraciones Públicas, disponer de unos Órganos de la Administración de Justicia que actúen con celeridad  y sean independientes de los Poderes Legislativo y Ejecutivo, erradicar el cáncer de la corrupción cuyas metástasis amenazan de muerte la economía española; y algunos otros que sería prolijo detallar en esta breve relación.

Pero, aun reconociendo la extrema importancia de atender a esos asuntos perentorios, no se nos puede reclamar que seamos infieles a lo que nos exige la conciencia y olvidemos otros de gran calado ético como es el caso de la defensa de la vida de todos los seres humanos desde su concepción hasta la muerte por causas naturales o accidentales, el amparo a los derechos de las familias, la unidad de España, el respeto a los símbolos de la Patria, la protección del idioma español, la igualdad de todos los ciudadanos cualquiera que haya sido su lugar de nacimiento o sea el de residencia, la libertad de culto y el derecho a su práctica en los ámbitos privado y público, siempre que no atenten contra  la libertad de los demás y se ajusten al Ordenamiento Jurídico, así como algunos otros de análoga importancia.

La atención a los asuntos de naturaleza material no debe ser un obstáculo para preocuparse de los que tienen un amplio calado ideológico o espiritual. Además, lo cierto es que el abandono en la defensa de los últimos suele traducirse ineludiblemente en una rémora para la resolución de los otros.

Nunca aceptaré colocarme una careta para que los demás no conozcan cuales son mis principios e ignoren las intenciones de la acción política con la que quiero rendir un servicio a España y ser útil a mis compatriotas. NO TENGO MÁS QUE UNOS PRINCIPIOS Y ME NIEGO A APARENTAR QUE PUDIERA DEFENDER OTROS DISTINTOS.

Si alguna vez me viese impelido, por la coacción violenta del entorno, a ocultar mi identidad ideológica sería como lo hacen los héroes de los tebeos que ocultan su rostro con un antifaz y dedican sus esfuerzos a luchar contra los poderosos y proteger a las víctimas de sus ansias de dominio y las desmedidas ambiciones de sus opresores. En la lucha contra el mal no cabe escatimar sacrificios y, en pro de su eficacia, podría hacerse una honrosa excepción.

HEROES ENMASCARADOS DE LOS TEBEOS

Detengámonos ahora en otro aspecto de la espinosa cuestión que nos ocupa. Durante demasiado tiempo los españoles hemos tenido que soportar a los promotores de una maniquea, falaz e interesada versión del reparto de papeles entre los grupos que algunos siguen definiendo, en el mejor de los casos, como derecha e izquierda y, en la tradición “guerracivilista”, como azules y rojos o bien, fachas y progres.

Presentan a los primeros como los fanáticos defensores de un nacionalismo ultra de carácter españolista y retrógrado que invocan continuamente la sagrada unidad de España, el respeto a los símbolos de la Patria, la lengua que sus contrarios llaman “del Imperio”, los valores que caracterizan la familia tradicional, un catolicismo al que acusan de trasnochado y, en consecuencia, los acusan del más radical reaccionarismo social y político que solo se preocupa de favorecer a los ricos.

Por el contrario, a los segundos les atribuyen en exclusiva la defensa de la libertad, la democracia y la cultura, así como de la virtud de velar por los derechos de los pobres, implantando y manteniendo para ese fin el tan cacareado “Estado de Bienestar”.

Pero esa simpleza representa un relato de los hechos que es totalmente falso.

Ni España, sus símbolos, el idioma, la familia, el catolicismo y las tradiciones son de la exclusiva propiedad de la derecha, ni la libertad, la democracia, la cultura y el afán por lo social lo son de la izquierda.

Esos conceptos y la realidad que representan forman parte del legado de nuestra Historia común y, por tanto, pertenecen al conjunto de los españoles.

Nadie está facultado para arrogarse en exclusiva un patrimonio que es de todos y, menos aún, a repartirlo entre unos y otros según un criterio espurio que solo pretende ENGAÑAR A LOS ELECTORES para sacar tajada de la enorme desinformación provocada por el adoctrinamiento y la propaganda mendaz que tanto daño está haciendo.

Por eso en DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) seguiremos defendiendo ese gran patrimonio compartido con el resto de los españoles merecedores de ese nombre y nunca nos vamos a avergonzar de proclamarlo con decisión y valentía.

Nos declaramos CONSERVADORES de los valores que, por beneficiosos, merecen conservarse y AVANZADOS en todo cuanto contribuya al bienestar de las personas y la sociedad, que solo se entiende como el conjunto de individuos depositarios de derechos irrenunciables y obligaciones ineludibles.

Valga como colofón y coda de este artículo la repetición de la frase que conforma su título:

¡FUERA LAS MÁSCARAS!

 

Ignacio Vargas Pineda

Secretario Nacional de

DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

DCID – El Partido del Siglo XXI

MASCARAS VENECIANASMáscaras venecianas usadas en los Carnavales