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LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE LOS TERRORISTAS

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HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL TERRORISMOÁvila, entre otras ciudades, honró así la memoria de las víctimas del terrorismo
 

LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE LOS TERRORISTAS

 

          En el año 2004 se estrenó una interesante película titulada “La memoria de los muertos”, dirigida por el escritor libanés Omar Naïm con guion propio,  que puede clasificarse dentro del género Thriller-Ciencia Ficción. En ella se narra la historia de cierto individuo, llamado Alan Hakman, inventor de un chip que implantado al nacer en el cerebro de las personas (incluso sin que estas tengan luego conocimiento de ello) graba todas sus vivencias. Cuando el artilugio cibernético se retira, practicando una intervención quirúrgica tanto sea en vida del portador como después de morir este, es posible  reproducir en un ordenador las imágenes y el sonido de los hechos que protagonizó el mismo, como si se hubiera grabado mediante una cámara en plano subjetivo. Alan Hakman se autodenomina el “editor” porque selecciona, con su particular criterio, los pasajes que considera más importantes y realiza después un montaje que pretende ser la biografía más exacta posible de quien ha sido sometido al experimento.

          Se garantiza así una MEMORIA de soporte técnico (como si se hubiera grabado en un disco duro externo anejo al cerebro) que permite mantener sin adulteración el exacto “recuerdo” de los hechos vividos por ese concreto ser humano.

          No voy a profundizar en las complicaciones derivadas para el protagonista en un caso particular que afecta a cierto amigo suyo ni a “destripar” la trama y el desenlace del filme, porque eso sería meterme en camisa de once varas e impedir así la posibilidad que tienen los ahora lectores de este artículo de sorprenderse y disfrutar con el curioso espectáculo que el mencionado cineasta preparó demostrando bastante ingenio e innegable profesionalidad, pero sin que pueda catalogarse de obra maestra pese al evidente e inesperado mérito interpretativo de Robin Williams en el papel del “editor”. Al llegar a este punto del presente escrito algunos lectores podrán preguntarse: ¿Qué relación tiene lo expuesto hasta ahora con las víctimas del terrorismo? Y, para que el desconcierto no vaya en aumento, lo explico seguidamente.

          El terrorismo, cualquiera que sea su origen y su pretendida justificación (que nunca la tiene desde las perspectivas de la racionalidad y la ética) ha sembrado en todo el Mundo, y más concretamente en España, la muerte, el dolor y el miedo, pues su objetivo principal es aterrorizar a los supervivientes de sus brutales actos, y a cuantos los han sufrido y los sufren directa o indirectamente, para conseguir la destrucción de las actuales estructuras sociales y políticas de carácter democrático (más o menos perfectas) con el fin de implantar regímenes de corte netamente totalitario. En unos casos (ETA) se trata de alcanzar una férrea dictadura comunista a la antigua usanza y en otros una cruel dictadura teocrática de corte medieval (DAESH). Lo más grave no son los daños físicos y materiales que han causado los atentados terroristas, y ni siquiera las absurdas e injustificables muertes, sino los de índole psíquico y moral que persisten en la memoria de los supervivientes afectados por ellos y de quienes han sido espectadores involuntarios de la barbarie de los canallas que los organizaron y los desalmados que los perpetraron. Y peor aún es la hipocresía de los políticos que han contribuido con su obvia complicidad irresponsable, o con su estúpida pusilanimidad, a que aún no haya recaído todo el peso de la Ley sobre gran parte de los viles inductores (se les moteja también como autores “intelectuales”, lo que solo cabe entender desde una perspectiva sarcástica y peyorativa) y de una amplia proporción de sus ejecutores (o, dicho de otra forma, autores materiales). Hasta el punto de que la clase dirigente ha aceptado la “hoja de ruta” diseñada por los artífices del terror y les permite la ficción de “integrarse” en la sociedad, cuyas normas de convivencia no han respetado y siguen sin respetar, como si nada grave hubiera ocurrido para, con ello, tolerar que se burlen de sus víctimas directas y de todos las demás personas decentes.

          Y, mientras tanto, una amplia proporción de ciudadanos de nuestros “civilizados” países han asumido esa injusta situación sin exigir a sus dirigentes que reaccionen, antes de que sea demasiado tarde y todo el edificio construido con gran esfuerzo, durante varios siglos de lucha, para albergar y proteger los tan anhelados derechos humanos y cívicos, se desmorone ante el embate de las hordas bárbaras que están enseñoreándose de nuestras ciudades. La clara amenaza de que todo ese inmenso patrimonio sea engullido por el sumidero abierto entre todos (sea por acción o por omisión) es una realidad que angustia a quienes aún tenemos fe en el poder de los ideales que forjaron los hacedores de nuestras respectivas patrias y que deseamos traspasar incólume a nuestros hijos y sus descendientes, como inmenso y fructífero legado recibido de nuestros mayores y de los ancestros comunes. Muchos compatriotas, al igual que ocurre en los demás Estados de la Unión Europea y del resto del llamado Mundo Libre, han caído en esa trampa mortal víctimas de un extraño e incomprensible “síndrome de Estocolmo” que les mantiene en un estado de inacción suicida, alentados por los falsos profetas de lo “políticamente correcto” y aletargados por el “buenismo” que preconizan los medios de comunicación controlados por las minorías que, con falacia y engaños, han llegado de improviso al poder y aspiran a destruir lo que tanto costó edificar.

          Como soñar despierto no cuesta nada me gustaría inventar un chip que, instalado en los cerebros de los ciudadanos no pervertidos por la complicidad activa con los asesinos y sus patrocinadores, consiguiera mantener vivos en su memoria los recuerdos de las atrocidades cometidas por los terroristas de cualquier ralea para no olvidarlas nunca y, sustentándose en la visión permanente de los crímenes cometidos (que los diversos medios de comunicación se han encargado de mostrarnos en toda su crudeza) fuesen capaces de exigir con coraje a quienes dicen representarles, o aspiran a ello, que hagan real lo que recoge el lema elegido por las víctimas del terrorismo y todos cuantos apoyamos de corazón sus reivindicaciones. Clamemos, pues,  con ellos;

           “¡VERDAD, MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA!”

          Hagamos nuestra “La memoria de los muertos” y, mejor aún “LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DE LOS TERRORISTAS”, pues, si los muertos nos necesitan para honrar esa memoria, los vivos que padecen las numerosas secuelas físicas y psíquicas de los criminales atentados nos necesitan para soportar las penurias de unos calvarios personales que ellos no eligieron.

          Los promotores de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR nos sentiríamos satisfechos si nuestras propuestas (en lo relativo a la lucha contra el terrorismo, la protección de los supervivientes de los atentados y el homenaje a los asesinados) hicieran la función de ese milagroso chip que consiguiese mantener viva la memoria de los receptores de nuestro mensaje y les impulsara a reivindicar sin desmayo la antes citada MEMORIA, exigiendo a los poderes públicos que actúen en concordancia con las funciones para las que fueron elegidos y que, además de gestionar con eficacia y honradez los recursos materiales y económicos de la sociedad, asuman la defensa activa de los principios políticos y los valores éticos que inspiran nuestra civilización. En esa hermosa tarea estamos empeñados y a ella nos dedicamos y nos dedicaremos con ímpetu.

          En la obra de teatro “El mentiroso” (“La menteur”) del dramaturgo francés Pierre Corneille, inspirador de Jean-Baptiste Poquelin (Molière), ante la mentira de Dorante al afirmar que ha matado a su rival Alcippe (que le disputa el amor de Clarice), el criado del primero, de nombre Cliton, al ver que ambos están conversando dice irónicamente: “Aquéllos que usted mató andan bastante bien” o, en traducción casi literal, “Las personas que vos matáis lucen bastante bien”(“Les gents que vous tuez se portent assez bien”). Ese pasaje debió inspirarse en otro análogo recogido antes por el autor mejicano Juan Ruiz de Alarcón en su obra “La verdad sospechosa”. En él don García, mentiroso redomado, le está contando a su criado Tristán que ha matado a su rival don Juan de la Sosa cuando, de improviso, el oyente observa que este último está conversando con el padre de su amo, don Beltrán.

          Posteriormente se extendió la frase transformándola en el epigrama: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud” que ha sido erróneamente atribuida a varios autores dramáticos que van desde Gabriel Téllez (Tirso de Molina), en “El burlador de Sevilla”  o “El convidado de piedra”, hasta José Zorrilla y Moral, en “Don Juan Tenorio”. Una simple lectura de esas obras permite comprobar que no figura en sus textos. Algunos autores incurrieron en el error de considerarla incluida en la última, como don José Ortega y Gasset cuando escribió su artículo “Historia ascendente” publicado en el diario “La Nación” de Buenos Aires y recogido en el ensayo “Del Imperio Romano”. Es un lapsus disculpable a quien tanto contribuyó a la formación intelectual y filosófica de quienes se dignan leer y estudiar sus obras. Pero, haciendo gala de su proverbial ignorancia, también la citaron en junio de 2011 Alfredo Pérez Rubalcaba, a la sazón Vicepresidente del Gobierno y Ministro del Interior, cuando compareció ante numerosos periodistas en la rueda de prensa posterior a una reunión del Consejo de Ministros; y María Teresa Fernández de la Vega, en febrero de 2010, al ser entrevistada por determinado medio de comunicación en su (por esas fechas) calidad de Vicepresidenta del Gobierno.

          Y… ¿a cuento de qué la traigo ahora a colación? Pues, sencillamente, porque aunque la inmensa mayoría de la gente opina que no solo los asesinados por los terroristas están muertos y enterrados sino también lo está el recuerdo de los luctuosos hechos y pretenden correr un tupido y ominoso velo que oculte a las demás víctimas, lo cierto es que todos ellos siguen con vida. Los primeros en la memoria fiel de las buenas personas y los segundos cerca de nosotros, pero arrastrando con penuria las secuelas físicas y psíquicas que dejaron para siempre en sus vidas los criminales terroristas.

          Por eso  digo, parafraseando de forma parcial y libre al desconocido redactor del citado epigrama, que “El recuerdo de los muertos que ellos mataron goza de buena salud en nuestras memorias, al igual que el de las restantes víctimas de los terroristas, aunque no disfruten de la salud que les arrebataron quienes los utilizaron como instrumento para atacar al Mundo Civilizado (en nuestro caso concreto, a España) y, en general, a todos los seres humanos decentes”

          Dicho queda registrado en los anales de la Historia, para escarnio e ignominia de los asesinos físicos y para vergüenza de quienes ahora pretenden matar arteramente “la memoria de las víctimas de los terroristas”.

 

          Ignacio Vargas Pineda

          Secretario Nacional Provisional de

          DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

          DCID – El Partido del Siglo XX

 

ESTO ES FICCIÓN:
LA VERDAD SOSPECHOSARepresentación de “El mentiroso” de Pierre Corneille
 

ESTO TAMBIÉN:

EL MENTIROSORepresentación de “La verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón
 

PERO ESTO ES UNA CRUEL REALIDAD:

ATENTADO TERRORISTA DEL 11MAtentado terrorista del 11 M en Madrid
  
LA MEMORIA DE LOS MUERTOS:
LA MEMORIA DE LOS MUERTOS                           Cartel anunciador del filme