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LAS ENSOÑACIONES DE DON QUIJOTE EN LA ESPAÑA DE 2015

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En la inigualable y excelsa novela escrita por Don Miguel de Cervantes y Saavedra, el Caballero Don Quijote de la Mancha lucha contra molinos, creyendo que se trata de gigantes; ataca con su espada a los pellejos o cueros de vino dándoles violentos mandobles, pensando como en sueños que está venciendo a sus enormes enemigos; arremete contra un rebaño de ovejas, imaginando que se trata de un ejército de paganos en pugna contra los cristianos; se enfrenta a unos comediantes que circulan con su carreta luciendo aun las vestimentas de la farándula, cual si fuesen demonios; libera a unos prisioneros dirigidos por sus guardianes a galeras, en la creencia de que se trata de víctimas de la injusticia; se enfrenta a dos supuestos caballeros rivales que ofenden a su idealizada señora Dulcinea (en realidad una moza de venta) encarnados por el bachiller Sansón Carrasco, sin sospechar que se trata de un engaño para hacerle regresar a su casa solariega; y así podríamos seguir desgranando aventuras en las que el alucinado hidalgo cree estar luchando contra poderosos enemigos cuando para los asombrados paisanos que contemplaban sus portentosas hazañas solo eran fruto de la locura que afectaba a su enfermo cerebro.

Resumiendo, nuestro héroe, en su afán por reparar las afrentas sufridas por los más débiles y desfacer entuertos, hacía blanco de sus nobles ímpetus, bien fuese a diversos objetos que se le figuraban crueles adversarios, a infelices que como mucho eran simples pícaros de los tantos que pululaban en aquélla convulsa tierra española o a fieles y dilectos servidores del orden establecido.

Es triste que tan elevados sentimientos en pro de la justicia, dirigidos a la defensa de los principios caballerescos que afincaban en su conciencia, sirvieran de burla no solo a los poderosos y a los explotadores sino al pueblo llano que, con su ignorancia y malicia innata, no podía entender los afanes que movían a tan estrafalario personaje.

Un error de apreciación de su calenturienta mente aturdida por la lectura mal digerida de los libros de caballería, tan en boga por aquéllos tiempos, le llevaba a no distinguir a los verdaderos enemigos de la especie humana (en su conjunto) de individuos que tan solo eran víctimas de los desmanes de los poderosos, de animales irracionales, de edificaciones o de objetos sin ánima.

Por eso, aun valorando el mérito literario y el ingenio del autor, que retrató los vicios y costumbres de una época, no vamos a caer en la trampa de iniciar una lucha de la misma naturaleza que la desarrollada por nuestro esforzado caballero planteando utópicos objetivos

“DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) conoce muy bien la identidad de los enemigos de la especie humana y sabe que éstos forman parte de la misma, pero también que se encuentran camuflados hipócritamente bajo la apariencia de banqueros, gobernantes, empresarios agazapados en la sombra de grandes y poderosas sociedades mercantiles y grupos que se reúnen en el más absoluto y vergonzante secreto para controlar la totalidad de los medios económicos, de información y adoctrinamiento con el fin de dirigir la marcha de los acontecimientos hacia sus objetivos de dominio del Mundo.

Ya sabemos que no son molinos, pellejos de vino, ovejas, cómicos o guardianes que se nos antojen encarnaciones oníricas de los antes citados señores de vidas, haciendas y destinos.

No nos importaría pasar por Quijotes del siglo XXI, pero siempre que demostremos la suficiente lucidez para calibrar bien las fuerzas y procurar emplearlas con inteligencia.

Ahora estamos velando las armas en paciente espera del nacimiento oficial de nuestro Partido y preparando la futura incursión por el peligroso campo de la política activa para poder iniciar el ataque a los enemigos de los ciudadanos de bien, en cuyo beneficio vamos a utilizarlas sin temor y con decisión. No serán las habituales en la época que enmarcó las aventuras del héroe español por antonomasia, el “caballero de la triste figura”.

Nuestra lanza es el bagaje de sólidos principios políticos y valores éticos que se proclaman en el texto del IDEARIO PROGRAMÁTICO de “DCID”, nuestra espada se materializa en el conjunto de los compromisos recogidos en su CÓDIGO ÉTICO, la rodela toma forma visible en el logotipo circular del Partido, la adarga alcanza cuerpo en nuestros corazones que aman a ESPAÑA y desean lo mejor para los buenos españoles, y la celada la constituye la estructura interna de nuestro andamiaje neuronal, que nos protegerá de los feroces ataques de la propaganda y verborrea de quienes intentan dominar las mentes con la falacia de lo “políticamente correcto”, en un ostensible afán de espurio adoctrinamiento ideológico.

Con semejantes armas no podemos fracasar y las actuales ensoñaciones de nuestro quijotesco proyecto, nacido en la España del siglo XXI (“DCID” se fundó este mismo año 2015), no se verán frustradas por una visión errónea de la realidad a combatir, como le ocurrió al modelo literario cuyas andanzas se relataron en el Siglo de Oro de las letras hispanas.

Si conseguimos contagiar al votante de nuestras ansias de VERDAD, DIGNIDAD y JUSTICIA podremos conseguir, como Don Quijote lo hizo con Sancho Panza, que sus deseos no se limiten a llenar la andorga para sentirse satisfecho sino a amueblar su mente con nobles ideas que le eleven sobre ese hombre masa en el que pretenden convertirlo los explotadores, demagogos y populistas para así rebajarle a una condición cuasi animal en la que prime la falsa y denigrante igualdad medida por el rasero de la miseria intelectual y la degradación ética.

Las ensoñaciones del moderno y racional Don Quijote pueden convertirse en realidad tangible a partir del momento en que “DCID” salga a la palestra a defender sus blasones y los de nuestra Patria.

Consejo Político Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

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I.V.P.