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LLOVER SOBRE MOJADO, 19 de 500

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“DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”), en el punto sexto del anterior artículo publicado en esta Web, promueve la enseñanza y formación para la excelencia, incluso adjudicando premios a los alumnos por aprovechamiento. Por supuesto gratuita a todos los niveles y en todos los ámbitos, con profesores capacitados y preparados para tan alta función.

Hay auténticos maestros, verdaderamente comprometidos en la misión de enseñar a sus alumnos, que sienten, como si fueran propios, los fracasos de éstos y que hacen todo lo posible, aun restando horas al descanso e incluso a su peculio, para ayudarles a mejorar y, además, lo consiguen. Para ellos esos alumnos son parte de sí mismos, y consideran una derrota propia no haber alcanzado el objetivo de hacer que aprueben con nota. Pero de éstos, por desgracia, hay pocos… muy pocos.

Abunda, lamentablemente, el “maestro” no preparado, no reciclado constantemente, al que le importan “una higa” los resultados que obtengan sus alumnos. Esos malos “profesores” (como ellos mismos se autodefinen) deberían ser enseñados y formados, ya que ellos no saben hacerlo con sus propios alumnos y ni lo intentan siquiera. Si, por ejemplo, actuaran así los médicos o los abogados… ¡Cuántas muertes se producirían, por ignorancia y mala praxis facultativa, y cuántos pleitos, que podrían ganarse, se perderían, por falta de la adecuada instrucción legal e ignorancia procesal!

Pues algo igual de grave está ocurriendo con muchos enseñantes de nuestra juventud, mal llamados maestros.

Citemos un caso real:

. Colegio concertado, religiosas católicas, ocupa el número 19 de un total de 500 en el ranking de calidad de la enseñanza, según datos de la correspondiente Comunidad Autónoma.

. Profesor de 1º de Primaria, clase en la que los alumnos (cuyas mentes son verdaderas esponjas con evidente ansia de absorber conocimientos) asisten para empezar a ser formados/deformados.

. Explicación del “maestro” sobre el Mar Muerto (Mar Salado, Yam Hamelaj en hebreo). “Se llama Mar Muerto porque te metes en él y puedes hacer el muerto”. (Suponemos que se refería a flotar)

Este “maestro”, amén de no merecer tan dulce nombre (ahí es nada, maestro significa “el que enseña”; con mayúsculas se lo llamamos a Jesús de Nazareth) no debería estar ni un minuto más en contacto con sus alumnos, no se ha ganado ese apelativo.

El niño llega a casa y cuenta a sus padres lo que le ha enseñado el tal “maestro”. Éstos, asombrados, le explican sencilla y claramente que se llama así porque el agua es tan salada que no puede haber vida en ella y que el flotar con facilidad es un hecho posible, aunque anecdótico, debido a su gran densidad. Explicar lo que es la densidad a un niño de seis años es otro cantar, pero éste sin dificultad entiende que su “maestro” es un berzotas de mucho cuidado y, en adelante, dudará de todo lo que le explique en clase.

Si eso ocurre en el colegio que ocupa el lugar número 19 de entre 500, nos horroriza pensar en las enseñanzas que recibirán los niños de los colegios que están a la cola del ranking (especialmente en los puestos 499 y 500).

Llevamos más de treinta y siete (37) años de pésima formación del profesorado, de enseñanzas tendenciosas y subjetivas cuando no condicionantes (leer el artículo “REFLEJOS CONDICIONADOS E INHIBICIONES” publicado hace días en nuestra web www. derechociudadanoadecidir.es). Han sido demasiados años de inmisericorde adoctrinamiento y mentalización, sin posible debate de ideas; con “maestros” abúlicos, desconsiderados y despreocupados en cuanto a su único cometido: enseñar a los alumnos. Solo empecinados en imbuirles las más peregrinas ideas doctrinales, rayanas en un supino adocenamiento, con el exclusivo fin de conseguir igualar a todos los educandos “por abajo”, en lugar de hacerlo “por arriba” buscando la excelencia como sería su sagrada obligación. Y, de aquellos polvos… estos lodos.

Nuestra sociedad tiene lo que se ha ganado a pulso por no calibrar bien a qué políticos concede el voto mayoritario. No obstante, aunque la lucha devenga en titánica, quienes representamos a “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) estamos firmemente dispuestos a que junto a la educación, que es responsabilidad de las familias, la enseñanza y la formación se conviertan por si mismas en el FARO que guíe la vida de nuestros hijos y nietos, para conseguir así el mejor de los mundos posible.

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J.R.R.T.