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Los hijos de …

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De los seis últimos Secretarios Generales de cierto partido político, hoy en descomposición, hay cuatro, los que más relevancia han alcanzado, que son “hijos de…” por sus apellidos, González, Rodríguez, Pérez y Sánchez.

No…no sean mal pensados. Según los estudiosos del origen de los patronímicos, todos los apellidos que terminan en “ez” derivan de un nombre propio. En el caso de los anteriores, se trataría de Gonzalo, Rodrigo, Pero o Pedro y Sancho, respectivamente. El sufijo se añadía al nombre paterno para dejar patente el origen familiar de los que comenzaron a utilizarlos en aquellos remotos tiempos; siguiendo, según dicen, una costumbre germano visigoda.

Es paradójico que apellidos de tanta raigambre española, de otra parte muy comunes entre los habitantes de nuestra Patria, correspondan a individuos que progresivamente han ido evolucionando desde un “patriotismo” impostado hacia el más descarado comportamiento antiespañol, por más que ahora el último de la serie se fotografíe bajo la sombra de una gran bandera nacional para disimular sus vergüenzas.

El hijo lejano de Gonzalo no renegó de su origen patrio aunque en los actos del partido nunca destacó una bandera nacional ni se escuchó el himno de España; el hijo lejano de Rodrigo se declaró claramente apátrida cuando dijo aquello de que la Nación “es un concepto discutido y discutible” y cedió gustosamente ante todas las miserables pretensiones de los independentistas; el hijo lejano de Pedro se mostró como un verdadero traidor al seguir negociando “el proceso de paz” con los terroristas etarras y protegerlos del peso de la Ley (recordemos: 11M, Faisán, derogación de la doctrina Parot,…) y el hijo lejano de Sancho ha destacado, al fin, como un vendido a todos los grupos de canallas (Bildu, Compromís, Podemos) que quieren adulterar la Historia, renegando de nuestra cultura y nuestra lengua, con el único fin de destruir la unidad de España.

En resumen, que los susodichos son un “modelo de virtudes” de tal calibre que, según la doctrina de la Iglesia Católica, tienen reservados puestos relevantes en el Infierno cuando Caronte les transporte en su barca al “más allá”, dado que no se han mostrado arrepentidos de sus desmanes ni han intentado reparar el daño causado. Pero, eso sí, después de habernos hecho sufrir a los ciudadanos decentes un infierno en el “más acá”.

Por eso no resulta extraño que muchas personas, aunque sean bien pensantes, al comenzar la lectura de este artículo, hayan interpretado su título en un sentido distinto al que deja explícito el texto posterior.

La deriva política de ese centenario, y más que viejo, Partido, pone en entredicho sus siglas, salvo en lo que concierne a la primera letra porque, en verdad está partido; pues las otras tres son una muestra palmaria de la más burda de las mentiras y de la congénita falsedad ideológica de los sucesivos dirigentes. Atendiendo a sus actuaciones se comprueba que no tiene nada de socialista, ni de obrero ni de español. Son apelativos de los que no cabe presumir, dado su indecente comportamiento tanto en el (des)gobierno como en la (desleal) oposición.

Desde la denominada Transición (hacia el estado de cosas que ahora padecemos) ha sido así y en los tiempos que corren es aún más ostensible.

La herencia política que han dejado, tanto quienes fueron Presidentes de Gobierno como los que no han llegado a serlo, es ruinosa en materia económica, desde luego, pero también en los aspectos educacionales, culturales y éticos; lo cual reviste mayor gravedad.

Pero, esa crítica situación hubiera tenido fácil arreglo si el partido que desplazó del poder al segundo “hijo de…”, mal pilotado por un registrador de la propiedad, no se comportase como un fiel albacea testamentario de la funesta y siniestra herencia de su antecesor. No ha sido así, pese a haber conseguido la confianza mayoritaria del electorado y alcanzado unas cotas de poder político nunca superadas desde 1978 por partido alguno.

Salvo en lo concerniente a la materia económica, donde ha cosechado algunos aciertos aun incumpliendo su programa electoral, en todo lo demás ha seguido la “hoja de ruta” marcada por sus predecesores de izquierdas. Qué curioso, la última palabra del entrecomillado rima con la que algunos entendieron que se escondía detrás de los puntos suspensivos cuando iniciaron la lectura de este artículo.

Con su patológica debilidad y su carácter pusilánime ese individuo ha permitido a la izquierda, en descenso acelerado hacia los postulados de la extrema izquierda, ganar la batalla de la enseñanza, la información y el lenguaje. Bueno, no solo permitido sino propiciado con sus políticas de ayuda a los enemigos de España (financiación de las CCAA rebeldes, ayuda a las empresas propietarias de los medios de comunicación contrarios a la verdad y a la decencia, subvenciones a grupos manipuladores y totalitarios, cobardía al no proponer y promulgar leyes que devuelvan a los buenos españoles el orgullo de serlo,…) Aunque no sea un “hijo de…” desde la perspectiva del origen de su apellido, ha destacado como otro más de la serie y podríamos llamarle Rajoyez. Los hay que dicen con gran fundamento que la actual legislatura podría ser considerada la tercera de Rodríguez.

¿Está aún a tiempo de enderezar la catastrófica situación por la que atraviesa España? Algunos analistas piensan que sí, pero para hacerlo necesitaría demostrar un arrojo que hasta ahora no ha tenido, ni por su profesión parece muy proclive a tener. Simplemente bastaría con cumplir el programa electoral que presentó su partido para las Elecciones Generales de 2011.

Eliminar el gasto superfluo de todas las Administraciones Públicas, suprimir gran número de órganos, organismos, empresas y otros inventos que han demostrado ser innecesarios o ineficaces y solo sirven para generar gastos de mantenimiento (que no de funcionamiento), eliminar las subvenciones a partidos políticos, sindicatos, organizaciones empresariales y ONG’s que por sus actividades no comporten un ahorro para las Arcas del Estado, reducir impuestos a las familias, PYMES y autónomos, defender realmente la vida de los seres humanos desde la gestación hasta la muerte natural o accidental, luchar de forma eficaz contra los terroristas y sus cómplices, defender con efectividad a las víctimas de los delitos de cualquier índole, aplicar una política racional para conceder las licencias de utilización del espacio radioeléctrico y de concesión de canales de la TV digital, posibilitar la plena independencia del Poder Judicial, reformar la LOREG para que la representación se distribuya con absoluto respeto a la voluntad de los electores, actuar contra la corrupción… Y así en todas y cada una de las cuestiones que movieron a más de diez millones de españoles a votar a ese partido el año 2011.

En “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” (“DCID”) nos sentiríamos felices si así ocurriera, pues nuestro único objetivo es el bien de ESPAÑA y la defensa de la VERDAD, la JUSTICIA, la LIBERTAD y la DEMOCRACIA, pero con mayúsculas, sin el falso significado que dan a esas palabras los políticos fariseos que dominan ahora los diversos centros de poder, tanto sean de la antigua casta como de la nueva, alejados de la DECENCIA que nosotros propugnamos.

Aunque así fuera, y algún partido abanderara ese cambio positivo, no abandonaríamos nuestro proyecto, porque antes o después sería necesario enderezar de nuevo la situación en cuando volvieran a desviarse del camino recto quienes salieran elegidos en los sucesivos comicios. Y si alcanzáramos una mayoría absoluta para poder subsanar los errores cometidos por los políticos cuando se aprobó la vigente Constitución, mejor, pues en ese caso estaría garantizado que nuestro proyecto de RENACIMIENTO ÉTICO sería, sin duda, la necesaria realidad que preludie una larga etapa de prosperidad, al triunfar la ÉTICA sobre el MONETARISMO y la AMBICIÓN.

 

Consejo Político Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

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I.V.P.