Home » Artículos » MILLONES DE MOSCAS…

MILLONES DE MOSCAS…

Hacer clic para Descargar PDF

mosca

Vaya por delante, para aclarar conceptos, que todas las personas promotoras del Partido “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR”, entre las que me cuento, creen que la DEMOCRACIA es el mejor de los posibles sistemas ideados por los seres humanos para dirimir las cuestiones políticas que afectan a la sociedad y, desde luego, para acceder a las Instituciones con la finalidad primordial de velar por la correcta aplicación de los mecanismos democráticos, a la par que ser administradores honrados y eficaces de los bienes comunes. No aceptamos como modelos válidos los demás que se han experimentado o aún existen para el gobierno de las naciones.

Afirmamos, plenamente convencidos, que ningún otro sistema de los ensayados con demasiada frecuencia, llámese dictadura, plutocracia, gerontocracia, efebocracia, monarquía absoluta, oligocracia, partitocracia, etc., ha garantizado hasta la fecha, o podría garantizar en el futuro, los derechos de los ciudadanos; pues es obvio, como demuestra la Historia, que todos ellos siempre secuestran la soberanía popular y utilizan el patrimonio común al antojo de quien está en la cúpula del poder, para su propio provecho y el de sus familiares, amigos y colaboradores (más exacto sería decir cómplices).

Pero, dicho lo anterior, estamos obligados a precisar que el sistema adoptado no es democrático por el simple hecho de que se pueda votar a los dirigentes cada cierto número de años. Para ejercer el voto con LIBERTAD es necesario que se sustente en una ética primigenia e inalterable; que, al emitirlo, el ciudadano se ajuste a los cánones de la razón (el saber popular lo califica de sentido común); que se puedan constituir poderes independientes con la facultad de controlarse unos a otros; que se establezca un ordenamiento jurídico JUSTO y que los votantes, desde la infancia, reciban una educación objetiva no adoctrinadora.

Consideramos necesario insistir en lo ya expuesto porque desde los foros partidistas se hace un elogio desmesurado a las bondades de la democracia, sin precisar lo que entienden por tal. Los demagogos y maestros del populismo más ramplón cantan las excelencias del voto, como si con su solo ejercicio se garantizara que en cualquier régimen autodefinido con el adjetivo democrático se encontrase la panacea que nos condujera a la felicidad individual y colectiva, permitiéndonos vivir, por arte de birlibirloque, en el mejor y más perfecto de los mundos imaginables. Pero no es así, no son necesarias muchas luces intelectuales para llegar a comprender que esa afirmación es rotundamente falsa, porque el hecho de aceptar cualquier decisión adoptada por el voto de una mayoría es tan aberrante cono dejarse arrastrar por las presiones callejeras de los grupos minoritarios, según vienen haciendo los sucesivos gobiernos de España desde el inicio de la indefinida etapa que han denominado La Transición.

Nuestro Partido no podrá aceptar nunca, aunque reciba el voto favorable de la mayoría, las siguientes decisiones: que se introduzca la pena de muerte en la legislación penal; que en nuestro cuerpo legal siga manteniéndose como un derecho la interrupción voluntaria del embarazo (eufemismo que disfraza la cruda realidad del aborto provocado); que los responsables de criminales acciones terroristas no cumplan las máximas penas merecidas por sus horrendos delitos; que salgan de la prisión los sanguinarios asesinos múltiples no mediando un sincero arrepentimiento al que acompañen, sin subterfugios, la petición de perdón, la colaboración con las Fuerzas de Orden Público y los Tribunales de Justicia, seguidos siempre de un inexcusable resarcimiento a sus víctimas por los enormes daños infligidos; que no se persiga con implacabilidad a los inductores y responsables de actos de corrupción política o económica y, además, que no sean condenados a pena de prisión y a la inhabilitación total, de por vida, para ejercer cargos públicos, así como a devolver los bienes conseguidos de forma ilícita; que no se castigue a cuantos ofendan gravemente a los símbolos que representan a la Patria común de todos los españoles y a quienes promuevan el separatismo, pues en el presente siguen gozando de impunidad sin que sus miserables acciones tengan consecuencias de índole penal; que no se apliquen severos correctivos a quienes desde sus cargos institucionales malgasten o malversen el dinero del Erario Público, obtenido a costa del esfuerzo y el sacrificio de todos los contribuyentes; que se permita legalmente insultar las creencias religiosas de la mayor parte de los españoles; que se prohíban festejos populares arraigados en nuestras tradiciones por el capricho de unos cuantos iluminados; y tantas otras que sería demasiado prolijo enumerar.

Es conveniente salir al paso de los que nos recomiendan aceptar las decisiones mayoritarias, cualesquiera que sea su naturaleza, asumiendo sin reservas que es bueno comer excrementos porque millones de moscas lo hacen. Ese es el llamado “argumentum ad numerum” que concede a los votantes la presunción de estar en posesión de la verdad cuando los poderes públicos promueven y consienten que puedan aprobarse TODOS los asuntos por mayoría, aunque lo acordado sea incongruente e incluso atentatorio contra los más elementales principios éticos. Resulta, pues, preciso recordar los grandes males que aplicar esa teoría ha acarreado a la Humanidad. Para que sirva de ejemplo, sumamente indicativo, debemos recordar el trágico advenimiento del nazismo en el azaroso Siglo XX y la relativamente reciente implantación del infamante comunismo bolivariano en la antes próspera Venezuela. Además, como paradigma de la estulticia colectiva, es destacable la votación celebrada el año 1936 en el Ateneo de Madrid, durante los prolegómenos del principio del fin de la Segunda República. En el templo del saber y la cultura unas supuestas mentes privilegiadas perpetraron ese atentado contra la inteligencia y llegaron a la decisión de que Dios no existía al elegir esa opción por “abrumadora” mayoría alcanzada por un solo voto de diferencia. Mentecatos eran quienes votaron a favor de la no existencia, pero también los que lo hicieron por la otra opción, pues con carácter previo habían aceptado que se votase sobre algo que, por su propia esencia, no es susceptible de ser sometido a tan respetable mecanismo democrático.

No, los que formamos parte de “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” no queremos ser moscas atraídas por el hedor del alimento ideológico que la mayoría de los partidos del actual espectro político aceptan como un plato exquisito. Somos opuestos a la nefasta tesis “buenista” del todo vale con tal de contentar a la mayoría, no creemos en el consenso si ello conduce a renunciar a nuestros principios. La conciencia nos impide aceptar que el fin justifica los medios y no toleraremos que nuestra Organización se transforme en un Partido más de los que, en los foros políticos, han venido a adjetivarse de “transversales”. Sostenemos que un hipotético buen fin no es un pretexto válido para utilizar medios torticeros sin quedar contaminado con la peor de las corrupciones: el engaño a los electores y la vil estafa a los votantes.

Si nuestro firme comportamiento merece la aceptación y el apoyo de los conciudadanos y, en consecuencia, deciden afiliarse al Partido o inscribirse como simpatizantes y, en su caso, aspirantes, serán siempre bienvenidos. Y si los votantes nos rechazan y eligen otras opciones que les ofrecen abalorios ideológicos en vez de piedras preciosas iluminadas por valores éticos, con su pan se lo coman. Pero ante su irresponsable decisión motivada por egoísmos individualistas y no por profundas convicciones de índole político y moral es conveniente recordar, como conclusión, que algunas dulces y sugestivas palabras con apariencia de miel pueden ser, en realidad, residuos metabólicos depuestos por algunas mentes humanas pervertidas y desviadas. La fábula “Las moscas” de José María de Samaniego es muy ilustrativa a ese respecto. A continuación se reproduce íntegra.

A un panal de rica miel

Dos mil moscas acudieron,

Que por golosas murieron,

Presas de patas en él.

Otras dentro de un pastel

Enterró su golosina.

Así, si bien se examina,

Los humanos corazones

Perecen en las prisiones

Del vicio que los domina.

 

Ignacio Vargas Pineda

Secretario Nacional Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

mosca2