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NESSUN DORMA

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Nessum 

Palacio Garnier, edificio que alberga la Ópera de París

 

 

 

         “Nessun dorma” (“Nadie duerma”) es el título de un aria del último acto de la famosa ópera póstuma de Giacomo Antonio Domenico Michele Secondo Maria Puccini, “Turandot”, que el músico dejó inconclusa a su muerte acaecida en 1924. El libreto es de Giuseppe Adami y Renato Simoni basado en una obra homónima escrita en verso durante la segunda mitad del siglo XVIII por un aristócrata dramaturgo, el conde Carlo Gozzi. Es de una belleza indescriptible, sobre todo cuando la canta un intérprete con la tesitura de voz adecuada.

 

         Su trama transcurre hace muchos siglos en China y narra los hechos protagonizados por la cruel princesa Turandot, que pretende vengarse de la afrenta sufrida por una antepasada suya y para hacerlo, decapita a quienes pretenden casarse con ella si no responden tres adivinanzas. Cierto candidato, príncipe de nombre ignoto, resuelve correctamente los enigmas planteados y, ante su férrea negativa a cumplir lo prometido, la desafía ofreciéndole renunciar a la boda si averigua su nombre. La princesa ordena que nadie duerma en la ciudad de Pekín hasta que se descubra la identidad del osado pretendiente (Calaf).

 

         Del argumento de la ópera se extraen varios aspectos a destacar:

        

         1º) Deseo irracional de venganza.

 

        2º) Extrema crueldad de quien ostenta el poder.

 

         3º) Coacción a personas para que se presten a lo exigido por la persona poderosa bajo amenaza de ser decapitadas si no lo hacen.

 

         4º) Ejecución inmisericorde de quienes no satisfacen lo exigido.

        

         5º)  Intento de defensa de algunas de las posibles víctimas que no aceptan los términos y se oponen a esa pretensión de dominio, estableciendo a tal fin sus propios condicionantes.

 

         6º) Orden tajante a los esclavizados “súbditos” para que ninguno descanse hasta conseguir sus objetivos.

 

         El esquema anterior cabe aplicarlo, mutatis mutandis, al sangriento conflicto que hoy preocupa al Mundo libre y ha sido provocado por el islamismo terrorista con el beneplácito de una gran parte del “islamismo moderado” y la complicidad de la mayoría de los dirigentes de los países donde predomina la tradición judeocristiana. Veamos:

 

         1º) Los tiránicos dirigentes de todas las facciones del islamismo radical desean vengarse del Occidente civilizado por haber expulsado a sus antepasados de los territorios que hace siglos invadieron por la fuerza de las armas con el apoyo de ciertos sujetos surgidos de entre las filas cristianas. También aluden a los hipotéticos agravios recibidos de las naciones europeas en los siglos de colonización de los actuales países musulmanes (cuando aún no existían como tales).

 

         2º) Los viles promotores de la yihad y sus adoctrinadas y fanáticas huestes actúan con una crueldad sádica e inhumana.

 

         3º) Utilizan la coacción, bajo amenaza de muerte, para que se conviertan a la “única religión verdadera” quienes no profesan la fe de Mahoma (especialmente si son cristianos, judíos o descreídos) y a los musulmanes que no la practican con el rigor que ellos imponen y que, por tanto, consideran apóstatas.

 

         4º) Se decapita o se degüella a todas las personas que no aceptan esa imposición.

 

         5º) Algunos candidatos a ser víctimas de su exacerbado fanatismo (como es el caso de los gobernantes galos y rusos) han reaccionado a tiempo (ojalá no den marcha atrás) y plantean a la cúpula del terrorismo islámico un dilema alternativo a sus coacciones proselitistas: cesáis inmediatamente de amenazar, asesinar y masacrar a los nuestros o en caso de no hacerlo así procederemos a eliminaros. Un “quid pro quo” muy generoso porque los crímenes cometidos por esa jauría salvaje claman justicia para que los culpables no queden sin recibir el adecuado castigo. Por el momento los gobiernos de Francia y Rusia se han puesto manos a la obra sin titubear.

 

         6º) Los máximos inductores de la estrategia doctrinaria y sangrienta de la media luna exigen a sus numerosos siervos que no descansen hasta alcanzar el objetivo final, aunque sea a sangre y fuego, a costa incluso de lo que ellos impropiamente denominan “inmolación” cuando no es más que un suicidio al que les arrastra su fanatismo dogmático.

 

         Siguiendo esa criminal llamada, la “quinta columna” del terror islamista, infiltrada entre los inmigrantes teóricamente pacíficos y los refugiados que han huido de las matanzas de los países del Oriente próximo, ha exportado al territorio europeo los métodos utilizados en sus lugares de origen, sustituyendo la decapitación y demás sistemas de exterminio expeditivamente utilizados por los disparos y las explosiones que no distinguen a las posibles víctimas según sean sus creencias y prácticas religiosas, como venimos comprobando desde hace lustros y nos confirman los recientes atentados de París.

 

         Si no se adoptan medidas drásticas también las bellezas artísticas de nuestras ciudades sufrirán la furia desatada de los islámicos fanáticos, pues no respetan las obras heredadas del genio creador de los seres humanos que nos precedieron.

 

         Sobrados ejemplos tenemos con lo sucedido en Bagdad, Palmira y otros lugares que o bien custodiaban obras de arte de un valor incalculable o se habían catalogado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

 

 Garnier

Estancia del interior del Palacio Garnier, otra de las obras de arte amenazadas por la barbarie

 

 

         DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) se reafirma en el criterio, tantas veces expuesto. Ya es hora de que nuestros compatriotas, unidos al resto de los europeos y sus socios del Mundo libre, asuman la lección de los gobernantes franceses y eslavos y, en consecuencia, atiendan el siguiente consejo:

         NINGUNO DUERMA si no queremos que el enorme peligro que hoy se cierne sobre la Civilización a la que pertenecemos conduzca a su irremisible desaparición para ser sustituida por una sociedad regida por criterios medievales impropios del Siglo XXI.

 

         Prestémonos a la lucha y exijamos enérgicamente a los políticos que NINGUNO DUERMA, pues los hemos elegido como gobernantes, no solo para gestionar la equitativa distribución de los recursos de nuestras naciones sino también para que nos garanticen una eficaz defensa ante las amenazas internas y externas. Por desgracia, la mayor parte de esos políticos están paralizados por la indolencia, la pusilanimidad, el “buenismo”, el miedo o la avaricia y no toman las iniciativas adecuadas para combatir a esa infección sanguinolenta antes de que mute en pandemia incontenible e incontrolable.

 

         Hagamos nuestra la exclamación del principio del aria:

 

“Nessun dorma! Nessun dorma!”

 

(“¡Que nadie duerma! ¡Que nadie duerma!”)

 

         Y así, tras el nuevo y radiante amanecer de nuestra amada civilización, alumbrada por los irrenunciables valores de la cultura y la tradición judeocristiana que sirven de sustento a la defensa de los derechos humanos, podremos gritar pletóricos de esperanza como hace el tenor para rematar el aria:

All’alba vincerò! vincerò! vincerò!

 

(¡Al alba venceré! ¡venceré! ¡venceré!)

 

 

         Ignacio Vargas Pineda

         Secretario Nacional Provisional de

         DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

         DCID – El Partido del Siglo XXI

EL ESTRENO DE TURANDOT – 25 DE ABRIL DE 1920

      Turandot

  Poster modernista del estreno de Turandot                           Cartel del estreno de Turandot

 

 

 

         Para los amantes de la ópera se adjunta seguidamente un enlace que permite escuchar la inspirada aria “Nessun dorma” interpretada en 1998 por el ya fallecido tenor Luciano Pavarotti Venturi con el acompañamiento de la Orquesta de la Ópera de París (curiosa coincidencia) bajo la batuta del maestro Iames Levine.