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NO A LA ESTULTICIA INSOSTENIBLE

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Tal como van las cosas hacen falta las muletas de la ÉTICA y el CORAJE para SOSTENERNOS

¡NO A LA ESTULTICIA (*) INSOSTENIBLE!

En los últimos años se han multiplicado de forma asombrosa los supuestos expertos en muy diversos e incluso dispares temas que utilizan machaconamente el vocablo sostenible para adjetivar cualquier nombre que se refiera a una materia concreta de índole científico, técnico, legal o de cualquier otra naturaleza.

Se habla de industria sostenible, comercio sostenible, agricultura sostenible, actividad financiera sostenible, economía sostenible, sanidad sostenible, enseñanza sostenible, empleo sostenible, administración de justicia sostenible y así podríamos seguir con una letanía casi interminable de referencias que pretenden hacerse pasar como si fueran fruto de una reflexión profunda y se tratara de arcanos que solo los muy entendidos son capaces de descifrar.

Pero lo cierto es que si se les pregunta lo que significa esa pedante adjetivación muy pocos serían capaces de dar una respuesta racional que sirva para aclarar conceptualmente el alcance de ese calificativo que con tan pasmosa frecuencia utilizan.

No solo es de empleo acostumbrado para los encuadrados en las filas de los ecologistas irredentos, los “progres” de izquierda y los populistas de variadas extracciones ideológicas, sino de gran número de “pijos” reclutados por la derecha, que borreguilmente se dejan arrastrar al campo de lo “políticamente correcto”.

Hasta tal punto han contaminado las Instituciones Nacionales y los Organismos Internacionales que, entre los días 25 y 27 de septiembre del año 2015 se celebró en Nueva York una “Cumbre de Desarrollo Sostenible”, a la que asistieron más de 150 dirigentes mundiales y en la que adoptaron una “Agenda de Desarrollo Sostenible” que se presentó como un plan de acción para que “la comunidad internacional y los gobiernos nacionales promuevan la prosperidad y el bienestar común” en los próximos 15 años.

No se pone en duda la buena voluntad de esa iniciativa, derivada de otra anterior del año 2000 en la que se lanzaron los 8 “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (ODM), cuyo cumplimiento debía realizarse en los tres lustros siguientes, y de la “Conferencia sobre el Desarrollo Sostenible” celebrada en Río+20 el año 2012. El “Grupo de Trabajo Abierto”, establecido en esta última, tras un año de negociaciones había presentado su recomendación para los 17 “Objetivos de Desarrollo Sostenible” (ODS).

Asombra tanto formalismo para fijar esos objetivos pues parten de un concepto tan indefinido como el que, sin un previo consenso sobre su alcance real, pretende definirse con la palabra sostenible.

El Diccionario de la Real Academia Española, en su última edición, incorpora dos acepciones para ese adjetivo:

  1. Que se puede sostener.

  1. Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente.

Y también define la palabra sostenibilidad como la cualidad de sostenible.

Lo que está claro desde la óptica lingüística, que podríamos aceptar en el marco de lo cualitativo, se presenta muy ambiguo y difuso en el aspecto cuantitativo.

Por ejemplo… ¿Se puede considerar que un sistema de enseñanza es más sostenible que otro cuándo es menos costoso económicamente o cuándo hay disponibilidades presupuestarias para mantenerlo o cuándo consigue alcanzar mejores resultados en la formación de los alumnos, o…?

Sostengo (valga la paradoja de utilizar ese vocablo) que resulta prácticamente imposible establecer un criterio riguroso para contestar con precisión ese interrogante. No existe un algoritmo matemático que pueda ser útil para dar una respuesta fiable.

El asunto queda pues sometido a la subjetividad de quien se encuentra en la difícil tesitura de valorar la sostenibilidad del sistema.

Máxime cuando las distintas materias a analizar, entre las que se contaría la enseñanza, no cabe dividirlas en compartimentos estancos e independientes, dada la interrelación que existe entre todas las actividades humanas. 

Sin embargo, hay estudiosos de ese espinoso tema que han osado utilizar criterios matemáticos en un vano intento de explicar, incluso gráficamente, la esencia conceptual del adjetivo sostenible, como demuestra el siguiente diagrama de Venn, que tan útil es en la teoría de conjuntos de la denominada Álgebra Abstracta, también conocida como Álgebra Moderna, aunque sus primeros balbuceos datan de mediados del Siglo XIX.

ELUCUBRACIONES SOBRE LA SOSTENIBILIDAD

En el llamado Siglo de Oro español, que en realidad abarca un impreciso período de su Historia muy superior a 100 años, entre los hidalgos era de uso común la expresión “sostenella y no enmendalla”, lo que significaba que cuando un caballero cometía un error nunca rectificaba para disculparse, antes bien desenvainaba la espada o retaba a su interlocutor para dirimir el asunto en un duelo.

Es decir que se empecinaba en aplicar ese ridículo código de honor p1ara mantenerse en sus trece pese a saber que se había equivocado. La frase se ha atribuido por algunos a la obra teatral “La venganza de Don Mendo”, escrita por el dramaturgo don Pedro Muñoz Seca, en cuyo texto no aparece.

Otros se empecinan en afirmar que la expresión “sostenella y no enmendalla” o bien “mantenella y no enmendalla” se encuentra recogida en la excelsa obra cervantina donde el gran novelista del Siglo de Oro relata las aventuras y desventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, lo que tampoco es cierto. Realmente es en la obra “Las mocedades del Cid”, escrita en el Siglo XVII por Guillén de Castro donde se encuentra la expresión más parecida. En un pasaje de la misma, el Conde Lozano, padre de Doña Jimena, cuando ésta todavía no era la esposa del Cid, prefiere batirse en duelo antes que pedir perdón, pese a ser consciente de haber proferido una acusación falsa, y afirma:

                              “Procure siempre acertalla

                              el honrado y principal;

                              pero si la acierta mal,

                              defendella y no enmendalla.”

El texto de ese cuarteto refleja con claridad la mentalidad altanera de los hidalgos de la época cuyo orgullo les obligaba a sostener una opinión equivocada aún advertidos y conscientes de su error.

Caiga quien caiga, decían, un caballero no debe humillarse y pedir perdón. Ese era el lema que predominaba entonces.

Lo más triste es que, no obstante haber transcurrido alrededor de medio milenio, hay quienes en la actualidad se aferran a esa estupidez, y no son precisamente caballeros.

Curiosamente los promotores de aplicar hasta el empacho dialéctico el adjetivo sostenible son, entre otros, algunos de los individuos que se empecinan en mantener su errónea actitud, aunque la sensatez de algunas personas más cualificadas intenta hacerles comprender su equivocación.

En la última película protagonizada por los Hermanos Marx, filmada en 1946 bajo la dirección de Archie Mayo con el título “Una noche en Casablanca” (“A Night in Casablanca”) se recoge una ingeniosa escena cómica protagonizada por Harpo Marx que puede servir de ejemplo para dos comportamientos antagónicos respecto a la dispar concepción de lo que puede significar la palabra sostenibilidad.

El de Harpo, que sin duda representa la forma de sostener realmente algo de manera eficaz, y el del policía, que ejemplifica la soberbia del “sostenella y no enmendalla” al empeñarse obcecadamente en mantener su autoridad, incluso de forma violenta, sin pararse a reflexionar.

El montaje fotográfico que se incluye a continuación describe con detalle la escena:

HARPO MARX EN LA PELICULA UNA NOCHE EN CASABLANCA

 

La práctica totalidad de los dirigentes de los partidos políticos utilizan el tan manido adjetivo hasta provocar un empacho cerebral en los ciudadanos, que soportan sus vacuas peroratas, prometen que todos los proyectos que acometan serán sostenibles, pero no concretan como van a conseguirlo.

En sus intervenciones públicas citan montañas de estadísticas y muestran innumerables gráficos, pero en ese frenético baile de números se pierden sus pretendidas “buenas intenciones” de mejorar la vida de los ciudadanos.

No es el momento ahora de pararnos a concretar todas las propuestas que DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) ha esbozado en su IDEARIO PROGRAMÁTICO ni los proyectos que se enuncian en su MANIFIESTO, ambos publicados en la Web del Partido: www.derechociudadanoadecidir.es

Estimamos muy necesario que, si pretendemos evitar que el EDIFICIO PATRIO se venga abajo, como ocurre con la casa “sostenida” por Harpo en la escena cinematográfica antes invocada, debemos entre todos SOSTENER cuanto existe de bueno en la sociedad heredada de nuestros ancestros.

Solo así, una vez que SOSTENGAMOS las estructuras de antaño que hogaño siguen siendo válidas, podremos rehabilitarlo y mejorarlo para sanear los pilares y las vigas maestras que soportan el edificio atacado de esa peculiar “aluminosis”.

Es decir, de las corrupciones política y económica provocadas por la crisis de valores que sufre nuestra sociedad.

Al final se incluye un montaje gráfico que recoge lo que deseamos fervientemente SOSTENER y MEJORAR. Lo que es INSOSTENIBLE y por eso debemos acabar con ella es la ESTULTICIA que está conduciendo al abismo a nuestra PATRIA.

De ahí el título de este artículo:

¡NO A LA ESTULTICIA INSOSTENIBLE!

Ignacio Vargas Pineda

Secretario Nacional de

DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

DCID – El Partido del Siglo XXI

SOSTENGAMOS

(*) Definición de estulticia en el Diccionario de la Real Academia Española:

necedad, tontería.

Sinónimos: bobería, estupidez, gilipollez, idiotez. imbecilidad, memez, sandez.

CARTELES DE UNA NOCHE EN CASABLANCA