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¿QUÉ DERECHO A DECIDIR DEFIENDE “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR”?

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Algunas personas que se han interesado por el alcance real de las palabras que conforman la denominación de nuestro Partido manifiestan sentirse desorientadas, porque tanto en la prensa escrita como en los medios audiovisuales y en las redes sociales se ha venido utilizando con profusión el derecho a decidir para defender actuaciones dentro de los ámbitos social y político que siembran el desconcierto en las mentes de los bienintencionados.

Pero eso mismo ocurre con vocablos tales como amor, libertad, democracia, paz y otros muchos que se utilizan con frecuencia para justificar ideas y actos que, en esencia, nada tienen que ver con la concepción primigenia y pura de palabras tan hermosas de nuestro idioma español. Se habla de amor para describir lo que es una simple relación sexual, de libertad cuando se pretende justificar lo que es mero libertinaje, de democracia aunque se trate solo del hecho de votar o de paz si se pretende enmascarar una acción bélica.

Para evitar malos entendidos en referencia al derecho a decidir que defiende “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” conviene salir al paso de ciertas interpretaciones tendenciosas y desmontarlas de raíz utilizando argumentos sensatos y no solo alegatos venales, porque la VERDAD se sustenta siempre en el correcto uso de la razón, cualidad exclusiva de los seres humanos pero, por desgracia, fruto escaso en los tiempos que corren.

Ciertos grupos, que aunque minoritarios tienen gran influencia sobre el estamento político, más preocupado por contentar a todos ellos que de buscar el triunfo de la verdad en beneficio de los ciudadanos, han conseguido que su artera propaganda llegue a calar en amplios sectores de la sociedad. Es el caso de las feministas radicales y de los independentistas catalanes y vascos. Con gran disponibilidad de medios económicos y profusión de propaganda han logrado imponer un lenguaje que disfraza de inocuas lo que en realidad son ideas perversas, repetidas muchas veces al estilo de las técnicas de propaganda utilizadas en su día por Goebbels, siguiendo la mercadotecnia de los sistemas totalitarios.

Las feministas radicales, cuyo paradigma más violento es el grupo FEMEN, hablan sin pudor del derecho a decidir sobre el propio cuerpo para encubrir así su defensa del aborto libre y, según ellas, gratuito (olvidan que se paga a costa de los impuestos recaudados por los gobiernos entre todos los contribuyentes, estén o no de acuerdo éstos). Lo más indignante es que todos los partidos que hoy copan el poder en las instituciones políticas de España y los que aspiran a compartirlo, como puede comprobarse sin más que analizar las hipócritas estrategias de CIUDADANOS, PODEMOS y UNIÓN, PROGRESO Y DEMOCRACIA, asumen ese hipotético derecho como si fuera real y han hecho que el asesinato de seres inocentes e indefensos se considere un acto normal que no escandaliza ni siquiera a quienes en sus programas electorales decían y dicen defender la VIDA.

Los independentistas de la más variada ralea hablan del derecho a decidir sobre la independencia de las regiones españolas cuyos políticos violan sistemáticamente el Ordenamiento Jurídico y las Resoluciones de los Órganos del Poder Judicial, en actos que, además de prevaricadores, no resulta muy aventurado calificar como alta traición a la Patria. Para asombro de los ciudadanos, ni el Gobierno, ni el Ministerio Fiscal, ni los Jueces y Tribunales adoptan iniciativas dirigidas a atajar esos desmanes.

Podríamos seguir citando otras muchas utilizaciones torticeras de la expresión derecho a decidir, pero nos ha parecido útil el citar solo las dos anteriores porque han calado en las mentes adoctrinadas de las víctimas de un sistema formativo pervertido por las leyes de gobiernos de izquierda, cuyos postulados han sido incapaces de cambiar los de esa falsa derecha pacata y acomodaticia, cuyos rectores se ha adaptado demasiado bien al siniestro esquema ideológico impuesto por los gobiernos de González y Rodríguez con la complicidad de la extrema izquierda y el aplauso de los tradicionales enemigos de España.

Las personas con un mínimo de valores éticos inconmovibles no pueden admitir en conciencia que nadie, ni siquiera la gestante, tenga derecho a asesinar a un ser humano; pues eso es el no nacido desde que se fecunda el óvulo. No se trata de un problema de moral religiosa. La misma naturaleza del embrión y el instinto de defensa de la especie son argumentos suficientes para rechazar el falso derecho a cometer ese crimen que significa el aborto provocado. No ponemos en duda que existen atenuantes e incluso eximentes que, en determinados pero muy contados supuestos, puedan justificar la excepcional decisión de interrumpir un embarazo.

Por muy escaso que sea el sentir patriótico de una persona nacida en España u oriundo de ella no puede escuchar sin indignarse que el derecho a decidir se extienda a una cuestión resuelta por la Historia hace siglos y reconocida en firme por el Ordenamiento Jurídico (presidido por la Constitución Española) del que nos hemos dotado democráticamente los españoles. Pero menos aun cuando se pretende que ese supuesto derecho a la independencia lo ejerza solo una parte de la ciudadanía por mor de la decisión arbitraria y unilateral de un gobierno autonómico que representa al Estado en el respectivo ámbito territorial. No olvidemos que la soberanía para decidir esa cuestión reside en todo el pueblo español.

Nada tienen que ver esos supuestos derechos a decidir con los que nuestro Partido se ha fijado como meta, que dejará de ser utópica (como afirman algunos incrédulos) si muchas personas decentes se suman con ilusión e ímpetu al proyecto únicamente sometido a la tutela efectiva de su CÓDIGO ÉTICO.

Hemos llegado al punto en que, tras comentar esos dos supuestos derechos de carácter negativo, debemos delimitar con la máxima precisión posible el concepto de derecho a decidir que propugnamos quienes hemos puesto en marcha el proyecto “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR”. Se trata de un derecho de carácter positivo que puede aplicarse a diversos aspectos que afectan a la vida política y que, de acuerdo con nuestro IDEARIO PROGRAMÁTICO se concretan en los DERECHOS DE EJERCICIO INDIVIDUAL Y DE EJERCICIO COLECTIVO relacionados en su texto y cuya justificación se detalla en el correspondiente APÉNDICE.

Como el documento se encuentra en la Página Web donde se puede leer este artículo, no se estima necesario transcribir la citada relación de derechos. Quien esté interesado en analizar su alcance puede consultarlo en la subcategoría PRINCIPIOS/IDEARIO PROGRAMÁTICO.

Las propuestas dirigidas a que los ciudadanos puedan hacerlos efectivos son el motor que pondrá en marcha todas las iniciativas del Partido para que “DERECHO CIUDADANO A DECIDIR” pase, de ser una simple denominación, a convertirse en la realidad cotidiana en todos aquéllos aspectos donde respetar la decisión mayoritaria no se transforme en un rodillo falsamente democrático para imponer un régimen totalitario que no respete los más elementales derechos humanos y ciudadanos.

Ejecutiva Nacional Provisional de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR

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