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VA, PENSIERO

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VA PENSIEROLa escena del coro “Va pensiero” en el Acto III de “Nabucco”- Metropolitan Opera House

“VA, PENSIERO”

“Va, pensiero” es el título de uno de los coros más bellos y famosos de las óperas de Verdi, el del tercer acto de “Nabucco” de Giusepe Verdi, cuya letra de Temistocle Solera está inspirada en el Salmo 137 (“Super flumina Babylonis”) atribuído al Rey David, pero posiblemente escrito siglos más tarde del fin de su reinado por judíos exiliados en Babilonia.

Hoy, al escucharlo por enésima vez me ha inspirado un profundo sentimiento de añoranza hacia el recuerdo de una Patria perdida hace ya tanto que parece remotamente olvidada en la noche de los tiempos y, a veces, se me antoja casi imposible recuperar.

Con amargura, aunque sin perder la esperanza, me sorprendo diciendo: “Vuela pensamiento, devuélveme a mi añorada Patria de antaño”.

“Oh mia patria sì bella e perduta!” (“¡Oh patria mía, tan bella y perdida!”) se dice en el séptimo verso de ese hermoso poema de amor hacia la tierra natal que, aun puesto en labios de los judíos esclavos bajo el dominios de Nabucodonosor, hizo temblar de emoción a los patriotas italianos de fines del siglo XIX y principios del XX en cuyos corazones rebosaba el deseo de terminar con el dominio austriaco y el ansia de conseguir expulsar al invasor para así poder ejercer la entonces secuestrada soberanía.

Y, de inmediato, me viene a la memoria el soneto “Todas las cosas son aviso de la muerte”, de don Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos, cuyo primer cuarteto reza:
“Miré los muros de la patria mía, si un tiempo fuertes ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.”

No se trata de añorar el tiempo pasado bajo el peso de la dictadura ni tampoco la violencia y el odio desatados durante la Segunda República y la Guerra Civil. Tampoco es simple nostalgia de las glorias imperiales del ayer. Es solo el intenso deseo de recuperar los valores que hoy son visiblemente vituperados por los “progres” de izquierdas y de derechas (pues los hay, y muchos) que, o bien los atacan directamente como hacen la mayor parte de los situados en el espectro de la siniestra (en una doble acepción), o no los defienden por miedo a la opinión de los voceros de aquéllos, como ocurre con los situados en el diestra (dicho sea solo en su acepción política).

No son únicamente los muros de la Nación Española (construidos a lo largo de siglos de Historia con el enorme esfuerzo y el arduo sacrificio de quienes nos precedieron) los que ya se han desmoronado sino también los pilares que sostienen el edificio que hoy habitamos nosotros.

Hay que recuperar los valores que defiende DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID) en su IDEARIO PROGRAMÁTICO (publicado en la Web) para que los ciudadanos decentes volvamos a sentir el orgullo de ser españoles y no tengamos ninguna vergüenza en proclamarlos ni nos cause temor el defenderlos. Son la VERDAD, la LIBERTAD, la JUSTICIA y la DECENCIA los materiales que estamos obligados a usar para que España se asiente sólidamente sobre su Historia y para levantar de nuevo los muros que han ido demoliendo un conjunto de políticos viles y traidores, aupados y apoyados por esa caterva de infames palmeros cuya ambición se alimenta en el pesebre donde rebosa la repugnante corrupción.
¡Oh Patria querida!…cuyo suelo ha sido hollado por esas infames huestes de quienes no merecen ser tus hijos. Desde mi concepción liberal de la vida, mi profundo respeto a la verdadera democracia (que nada tiene que ver con la que propugnan esos falsarios que viven de las subvenciones, de las retribuciones y de las mamandurrias conseguidas por los cargos institucionales que detentan, más que ostentan, a la luz sus innobles actos) y mi defensa de una política de servicio a los ciudadanos (no para servirse de ellos) yo te ofrezco cuanto soy para defenderte de los enemigos, tanto internos como externos, e invito a quienes me atienden a que sumen sus esfuerzos a los míos uniéndose al proyecto de DERECHO CIUDADANO A DECIDIR (DCID).

Mi sentimiento se refuerza al leer las estrofas nueve, diez, once y doce del poema “Elegía a la patria” surgido en la primera mitad del Siglo XIX de la inspiración y la pluma del escritor romántico don José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda Delgado:
“Tendió sus brazos la agitada España,
sus hijos implorando;
sus hijos fueron, mas traidora saña
desbarató su bando.

¿Qué se hicieron tus muros torreados?
¡Oh mi patria querida!
¿Dónde fueron tus héroes esforzados,
tu espada no vencida?

¡Ay!, de tus hijos en la humilde frente
está el rubor grabado:
a sus ojos caídos tristemente
el llanto está agolpado.

Un tiempo España fue: cien héroes fueron
en tiempos de ventura,
y las naciones tímidas la vieron
vistosa en hermosura.”

.Quien no se emocione al leerlo es un mal nacido.

A veces me pregunto dónde están ahora los leones, toros, águilas que citaba el oriolano don Miguel Hernández Gilabert (cuya memoria ha sido usurpada por la izquierda, aunque su obra sea patrimonio de todos los españoles) en las estrofas dos y tres de su vibrante poema “Vientos del pueblo me llevan” del libro “Viento del pueblo”:
“Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy de un pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones, desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.”

leon

VA, PENSIERO (toro)
aguila
VA, PENSIERO (buey)600

Don Bernardo López García en la hermosa poesía que comienza con la frase: “Oigo Patria tu aflicción,…” dedicada, como él mismo afirma, a los héroes del 2 de mayo y a la nación española escribe al inicio de su tercera estrofa:
“Lloras porque te insultaron
los que su amor te ofrecieron…”
Y de inmediato pasan ante mis ojos los rostros de esa cuadrilla de facinerosos que después de jurar o prometer cumplir y hacer cumplir la Constitución así como el resto del Ordenamiento Jurídico (requisito imprescindible para desempeñar los cargos alcanzados) se pasan por el “arco del triunfo” ese compromiso formal y voluntariamente adquirido, enrolándose después en las nauseabundas filas de los enemigos de España. Aunque para justificar “a priori” su comportamiento algunos de ellos añaden que lo hacen “por imperativo legal”, como si ello comportara una patente de corso que les permita “a posteriori” incumplir la palabra y caer en la deshonrosa traición. No es necesario citar nominalmente a individuos que ocuparon altos cargos en el ejército y en la magistratura, hoy incorporados a las filas del más abyecto populismo marxista, a los que cabe sumar los canallas independentistas y los antaño terroristas (cómplices incluidos) a quienes la tolerancia cobarde de los poderes públicos ha permitido acceder a puestos de responsabilidad política. Esos “gobernantes” pusilánimes se han erigido, pues, en cómplices de los traidores y, por tanto, también han violado su promesa o juramento.

Existe un poema titulado «ESPAÑA» que escribió hace muchos años cierto Comandante de la Legión destinado en el Sahara, cuyo texto estaba colocado hasta hace poco en un lugar destacado de las paredes de los cuarteles de España. Todo él representa un homenaje a la Patria y del mismo destacamos las estrofas tercera y cuarta:
“España es el limpio orgullo,
de la historia de la raza,
es el incierto futuro
donde pones tu esperanza,
y es tu voluntad de ser
español, cada mañana.
España son tus costumbres
y el idioma en el que hablas,
y el pan de trigo que comes
también es un poco España.”

El nombre de su autor produce sarpullidos de un rojo intenso en el reducido cerebro de los miembros de la secta izquierdosa y es muy fácil de comprobar si es que no lo saben o lo adivinan. El empleo de la palabra “raza” es muy denostado por esa gentecilla y hasta los adictos a la casta de la arcaica derecha tienen pánico a pronunciarla para que no les tilden de fascistas. Olvidan todos ellos que don Miguel Hernández Gilabert en la estrofa cuatro del poema ya citado la utiliza sin un ápice de cobardía:

“¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?”

Por eso, como creo que el sentimiento patriótico no es privativo de una ideología concreta, tampoco tengo temor alguno a manifestarlo en público abiertamente aunque me lluevan improperios por todas partes del espectro político (situación a la que ya estoy acostumbrado) y remato con los versos de ya citado Quevedo (escrito ahora en forma abreviada, como es lo habitual):
“No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”

unidad

Para los amantes de la ópera se adjunta enlace de vídeo con la magnífica versión de “Va, pensiero” interpretada por el coro que se cita en la fotografía del encabezamiento.